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jueves, 20 de mayo de 2010

Revuelto nacido en la acracia

Hoy haremos una ración de Revuelto nacido en la acracia.


Ingredientes (dos personas):

-Digamos que 4 patatas no muy grandes (o lo grandes que quieras, no sé)
-Una cebolla (según su tamaño, claro)
-Dos huevos (o tres)
-Salchichas (o bacon)
-Champiñones (¿te sientan mal?, pues echa otra cosa)
-Chorizo (perfectamente sustituible por espárragos)
-Queso (en el formato que quieras, incluyendo el formato ausente)
-Aceite (si prefieres engrasar con mantequilla...)
-Perejil (o no)
-Sal (si no eres hipertenso) y pimienta (claro, que hay gente a la que no le gusta)


Preparación:

Pelamos las papas (si acaso) y las cortamos (como prefiramos). Las freímos (o cocemos).
Picamos o troceamos la cebolla y la refreímos. Antes de que se dore (o antes, o durante) le añadimos algún ingrediente. Después otro (o no). Y después nada (o sí).
Se salpimenta al gusto. Se echan las patatas a la sartén. Se baten los huevos y se añade, o se añaden y después se baten -y esto es en serio, ojo, que igual de bueno está un revuelto que unos huevos estrellados.
Al tema le pega echarle queso rallado, taquitos de queso semi-curado, tranchetes a cachitos... o nada.
Ah, el perejil lo podrías haber echado ya.
¡Si es que los puñeteros revueltos son anarquistas!

Resultado: todavía no me he comido dos revueltos iguales, así que los revueltos, lo que son los revueltos en sí, como idea, no sé si me gustan. Digo yo que ni mucho menos, ni todo lo contrario.

lunes, 15 de marzo de 2010

Ensalada Arqueológica

Hoy cocinaremos una buena Ensalada Arqueológica.


Ingredientes:

-1 cogollo de lechuga
-1 cebolleta
-1 tomate
-Muchas cosicas
-Sal
-Pimienta molida (preferiblemente blanca)
-Vinagre
-Aceite


Preparación:

Cortamos en finas tiras el cogollo y lo ponemos en remojo. Manteniéndola un rato en agua conseguiremos que no esté lacia cuando la comamos. Le cambiamos el agua varias veces y lo enjuagamos concienzudamente para quitarle toda la tierra que pueda tener. Enjuagamos también el tomate. Picamos la cebolleta muy fina y la echamos en un plato (se ve que es una ensalada individual). Cortamos el tomate y lo incorporamos a la cebolla. Escurrimos bien de agua la lechuga y la ponemos en el mismo plato. Como nos hemos pasado un montón cortando lechuga, lo pasamos a un plato hondo más grande.
Llega un momento crucial para el exiliado. Un buen exiliado debe saber cómo adaptarse a su entorno en cada situación. Sobrevivir es la clave, el confort es un plus. Por ello, si el exiliado encuentra nueces a su paso, le echa nueces a la ensalada; si un verdadero exiliado encuentra pasas en su camino, le echa pasas a la ensalada; si un genuino exiliado encuentra jamón york en su ruta, le echa jamón york a la ensalada; si un jodido arquetipo de exiliado se topa en su vida con una bolsa de ositos de colores con sabores frutales, le echa la maldita bolsa de ositos de colores con sabores frutales a la pajolera ensalada y, orgulloso de sí mismo, se arrepiente amargamente de su último hallazgo.
Consejo para los exiliados aventureros: si podéis, procurad encontraros fortuitamente con una manzana. Le da un toque crujiente a la ensalada y si no es de una variedad seca, endulza el aliño con el jugo que desprende (muy recomendable, en serio). También podéis encontrar a un módico precio unas tarrinitas que traen tacos de salmón y queso conservados en aceite y eneldo, todo ello con la calidad que garantiza Hacendado.
A continuación, se añade vinagre, pimienta, sal y aceite al gusto. En teoría se deben mezclar los tres fuera de la ensalada en proporciones determinadas y agregarse a la vez, pero los exiliados no somos amigos de fregar por fregar. Así que lo echamos a ojo en el orden anti-alfabético.
Se intenta mezclar todo lo que ya había en el plato con el aliño. Como al remover la ensalada no paran de caerse cosas del plato, que se nos ha quedado pequeño, pasamos todo a una ensaladera.
Y sí, nos hemos pasado con el vinagre.
Mojamos pan en el fondillo cuando nos terminamos todo lo sólido y nos acostamos a dormir con ardentías.

Resultado: Pues mira, a base de ensaladas y hallazgos no paro de engordar.


martes, 2 de febrero de 2010

Macarruleta

Comienza una nueva categoría en ésta, la página menos cultural de toda Internet. Se trata de La cocina desde el exilio, un recopilatorio de mis peleas contra los fogones, ayudado por mi aliado Hacendado. Pretendo hacer un pequeño recetario para ayudaros a convertiros en supervivientes de la soledad y el hambre. ANSARLOGÍA no se hace responsable de lo que suceda por el camino.
Allá vamos:

Hoy cocinaremos un buen plato de Macarruleta.


Ingredientes:

-Macarrones (en seco, medio plato hondo, más o menos).
-2 salchichas de paquete.
-1/2 paquetito de chorizo en tacos de los que venden en el Mercadona.
-Tomate frito.
-Cayena.
-Pimentón picante.
-Pimienta negra.
-Varios dientes de ajo.
-Sal.
-Aceite.
-Cínico fatalismo.
Para acompañar: miajones de pan, agüita, suerte.


Preparación:

Se cuecen los macarrones en abundante agua. Se echan en la olla cuando el agua esté hirviendo, junto con un chorro de aceite y un poco de sal (opcional: una pastilla de avecrem). Cuando estén en su punto, se escurren y enjuagan. Es importante enfriarlos bajo el grifo justo al escurrirlos para evitar que se reblandezcan y pierdan firmeza (truco útil).
En una sartén ponemos aceite a calentar (dos o tres cucharadas, no más). Cuando esté calentándose, se le pican un par de dientes de ajo. Si son muy pequeños, se le pica uno o dos más. Antes de que los ajos se doren, añadimos a la sartén el chorizo y las salchichas picadas.
Llega el momento crucial. El tarro de las cayenas que tenía en casa (marca Carmencita) estaba dotado con un difusor consistente en tres palitos da plástico que se unían en el centro de la abertura (parecido al símbolo de Mercedes). Lo importante es que ese difusor te asegura que cada vez te cae un número distinto de guindillas. Y precisamente ésta es la esencia de los Macarruleta.
Con el tarro de cayenas apuntando hacia abajo, encima de la sartén, le damos unos suaves toques para que caigan las que el tarro quiera. Es como en la ruleta rusa, tú sabrás cuántos toques quieres darle. Además si te pasas, sucede algo parecido a la ruleta rusa. En mi caso, cuando inventé la receta, al primer toque echó una y al segundo toqué echó cinco. Un total de seis guindillas (al hacer carne al toro para 6 personas, mi madre le echa dos, para que os hagáis una idea de lo que es una cayena).
Confiad en vuestra suerte. Esto condiciona el resto de la receta.
Al refrito del ajo, el chorizo y las salchichas, le echamos tanto pimentón picante y pimienta negra como nos dicte nuestro cínico fatalismo.
Rebujamos macarrones y refrito en una olla. Añadimos tomate frito al gusto [¡Si mi madre me viera! En mi casa nunca hemos comido tomate frito de bote, sino natural. Era algo sagrado. Desde que cocino en el exilio, admito usar Tomate Frito Casero marca Mercadona, que no está tan bueno como el tomate de verdad, pero da el pego bastante bien].
Y ya está listo. Al plato y a disfrutar... o a sufrir muchísimo.

Resultado: Mi cínico fatalismo me hizo comerme las seis guindillas al terminar el plato. Tremendo. No lo hagáis.