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lunes, 29 de abril de 2013

El Diluvio de Deucalión y otros plagios

Últimamente me ha dado por la Historia y mitología griega. No sé si por puro pedanterío o porque supongo que porque ya no hay mitos como los de antes. El caso es que leyendo "Los mitos griegos", de Robert Graves, me he topado con éste que por lo curioso del asunto me ha parecido interesante compartir. Allá va.

El diluvio de Deucalión fue causado por la ira de Zeus contra los impíos hijos de Licaón, antiguo rey de Arcadia, y los habitantes de Licosura, famosos por su maldad, su insolencia y su impiedad. Las noticias de sus crímenes llegaron al Olimpo y el propio Zeus los visitó, disfrazado de viajero pobre, para alojarse en su palacio y conocer su hospitalidad. Ciertos augurios hicieron sospechar a los licaonidas de la divinidad de huesped, así que decidieron ponerlo a prueba.  Tuvieron la desverguenza de ofrecerle sopa de menudos, asesinando antes a su hermano menor Níctimo para mezclar sus vísceras con los menudos de oveja y cabra. Zeus no se dejó engañar, y apartando la mesa de un golpe, los convirtió a todos en lobos, excepto a Níctimo, a quien devolvió la vida.
A su regreso al Olimpo, Zeus, asqueado, soltó un gran diluvio sobre la tierra, con la intención de acabar con toda la raza humana y dar por finalizada la Edad de Bronce del hombre; pero Deucalión, rey de Ptía, advertido por su padre, el titán Prometeo, construyó un arca, la avitualló, y disponiendo en ella de todo lo necesario, subió a bordo junto a su mujer, Pirra. Entonces sopló el Viento del Sur, cayó la lluvia, y los ríos corrieron con estruendo hacia el mar que creció a una velocidad asombrosa y se llevó todas las ciudades de las costas, de las riberas y de los llanos, hasta que por fin el mundo entero quedó sumergido, con excepción de unas cuantas cimas de montañas, y parecía que todas las criaturas mortales hubieran perecido salvo Deucalión y Pirra. El arca estuvo flotando durante unos nueve días, hasta que por fin las aguas se calmaron, y se detuvo en el monte Párnaso.
Al desembarcar, ofrecieron un sacrificio al padre Zeus, y bajaron a rezar al altar de Temis, junto al río Cefiso. Suplicaron humildemente que se renovara la humanidad, y Zeus, que oía sus voces en la distancia, conmovido por su bondad y generosidad envió a Hermes a asegurarles que cualquier petición que hicieran se les otorgaría sin tardanza. Tras esto, para responder a sus plegarias, Temis se les apareció en persona, diciendo:
- ¡Cubrid vuestras cabezas y arrojad hacia atrás los huesos de vuestra madre!
Puesto que Deucalión y Pirra tenían distintas madres, ambas muertas ya, decidieron que la titánide se estaba refiriendo a la Madre Tierra, cuyos huesos eran las rocas que yacían en la orilla del río. Así pues, agachándose con las cabezas cubiertas, recogieron las rocas y las tiraron por encima del hombro. Estas se convirtieron en hombres o en mujeres, según si estas las hubieran recogido Deucalión o Pirra.
Sin embargo, Deucalión y Pirra resultaron no ser los únicos supervivientes del Diluvio, pues Megaro, un hijo de Zeus, se había levantado de su lecho al oír unas grullas que le ordenaban subir a la cima del monte Gerania, lugar que se salvó de las aguas. Del mismo modo, los habitantes de Parnaso se despertaron al oír los aullidos de unos lobos y los siguieron hasta la cumbre de una montaña. A la nueva ciudad le pusieron por nombre Licorea, en recuerdo de los lobos. Así pues, el Diluvio no sirvió de mucho, pues algunos de los parnasianos emigraron con el tiempo a Arcadia, y revivieron las abominaciones de Licaón.
Este Deucalión se convirtió así en padre de Oresteo, rey de los locrios de Ozolia (...). Otro de sus hijos fue Anfictión, que hospedó a Dionisio y fue el primero en mezclar el vino con agua. Pero su hijo mayor y el más famoso fue Hélen, padre de todos los griegos.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Y hablando un poco más de Haití...

Desde que tuvieron el "mueve-mueve" como lo llaman allí, todo ha ido a peor. Para que me entendáis, ha sido pasar el terremoto y empezar la epidemia de cólera. Los negritos están deseando que haya otro terremoto. Bueno, por lo del cólera y para ver si así consiguen los autógrafos de famosos que les faltan.

P.D:



"Paco, ha habido un terremoto, a ver si así canta Alaska en la verbena de este año"

lunes, 9 de noviembre de 2009

jueves, 22 de octubre de 2009

Versos de Berlín

Una cicatriz
de adoquín
cura en Berlín.

Y en Postdamer Platz
los niños juegan a saltar
sobre la línea que separa la ciudad.

Trozos del muro anticapitalista
se venden a los turistas
a precio de souvenir.

Se alza Niké triunfante
en lo alto del Tiergarten
ante un unido porvenir.

Las víctimas de sus errores
en gigantescos y negros bloques
componen un mar de luto sin fin.

Mientras, en el mástil del parlamento
un águila negra y noble ondea al viento
perdonada por los hijos de David.

Duermen ya en la ciudad tranquilos
Babilonia, Pérgamo, papiros del Nilo
y Nefertiti sin dejar de sonreir.

Sin importarles que vengas del lado federal
serán los que te den paso los pequeños Ampelmann
si vistas los mastodontes de Karl Marx Alle.

Porque una noche al fin Berlín se hizo uno,
sus hijoss a golpes tumbaron el muro
y cosieron los dos bordes del Srpee.

La Puerta de Brandenburgo ya no cierra nada,
siguen en pie las iglesias bombardeadas,
y todos pueden llegar a la Plaza de París.

Pasean por la más bella Europa bajo los tilos
universitarios, turistas, abuelos y vecinos
camino de Alexander, sin guardias que eludir.

Una cicatriz
de adoquín
cura en Berlín.

Y en Postademer Platz
los niños juegan a saltar
sobre la línea que separa la ciudad.


domingo, 18 de octubre de 2009

El dualismo político

El dualismo político, o la facultad de sentirse retroactivamente enamorado de un idea que nunca triunfó, la posibilidad de identificarse a contracorriente y el engaño, la pura falsedad del que cree en algo que no existe y del que desprecia algo que no conoce. Un mal necesario, una figura y una idea. Un motivo y una consecuencia. La manipulación, el poder y las eternas promesas, pero también la esperanza, el sueño y la unión. No es cuestión de simplificar lo dado, el desconocimiento global es absoluto, por eso la política es dual. Es muy fácil dejarse llevar por una bandera, y lo es ser influenciado, más de lo que creemos dejarnos arrastrar por una masa. La capacidad de decisión, de alternación y discusión es difícilmente ejecutable, e inclinarnos ante un adalid a caballo sin habernos dado cuenta del proceso iniciador de esa situación (como se ha demostrado infinidad de veces en la historia...y en la contemporaneidad) no resulta estar tan lejos de la naturaleza innata del hombre. El hombre y el borrego, el borrego y el hombre. El individuo y el pastor, el pastor y el individuo.

Y lo curioso viene cuando uno parece tener establecido su planteamiento, ha superado el escollo en grado de la decisión, de la alternación y de la autodiscusión y está seguro de que determinados sistemas nunca pudieron, pueden ni podrán funcionar. Entonces se le ocurre viajar y conversar... y ¡zas, en toda la boca!.

Ahora ya no existe, pero tiempo atrás Yugoslavia fue una unión de pueblos con nexos culturales (pero no religiosos) comunes, donde una ideología representada por un joven líder arrasó al ejército nazi. Un pueblo bélico asestado por la guerra, que se sintió invadido y defendió su nación (por aquel entonces una) y aunó por más tiempo del considerado un régimen totalitario, una dictadura militar que erigía a Tito, un antiguo cerrajero, un amante del comunismo subterráneo en su juventud, como líder de una histórica patria. De izquierda, yugoslavo y salvador, pero un dictador al fin y al cabo, un régimen totalitario a las espaldas que te hace pensar en un pueblo sumiso, en una tensa situación y en la falta de libertad. Uno vive lejos del meollo y se forma sus propias opiniones basadas en la lógica y en la experiencia, pero la política es dual. Donde podrías asegurar que habían víctimas, sólo se encontraba una civilización avanzada. ¿El precio?, parece que no existía la discordancia, cuando tienes la oportunidad de conocer la opinión de un comunista, de un bosnio musulmán, de un montenegrino y de un ortodoxo serbio puedes establecer los baremos estadísticos y afirmar que hubo una patria comunista (aunque fuese un “comunismo y un dictador comunista algo peculiar”, como nos afirmaron textualmente) y totalitaria donde la estabilidad del pueblo superó los intereses individuales, donde su sistema económico logró auparlos como una potencia y donde un régimen unió a unos hermanos peleados antes y después, olvidando durante cuarenta años sus diferencias religiosas. El dualismo de la política representado en el dualismo de intereses, como bien nos dijo un amigo, lo que era bueno para Yugoslavia era bueno para Tito. Y lo que era bueno para Tito, era bueno para Yugoslavia.

Primera nota mental: Nunca más hacer juicios de valor precipitados, por muy obvios que parezcan.
Segunda nota mental (y contradictoria): Sigo estando en contra de cualquier régimen autoritario.


lunes, 5 de octubre de 2009

Postal del último viaje

Hay dos formas de viajar: una para conocer el planeta, y otra para conocer a los humanos. Si la primera, con un paseo por los Alpes, o una pequeña escalada por Meteora, siempre me ayuda a reconciliarme con la vida, la segunda suele acabar enfrentándome a mi propia especie. Desde que aprendí a viajar, cuantas veces me he echado la mochila al hombro he ido cubriendo un agridulce y amplísimo álbum de vergüenzas y orgullos que tienen muy difícil equilibrar la balanza. Porque el camino no se limita a París o Granada, ni acaba en Under den Linden berlinés ni en la Marienplatz de Munich. Ojalá. Pero siempre continúa hasta algún muro de Berlín, hasta algún Dachau. Incluso algunas de nuestras más hermosas obras no fueron sino hijas del narcisismo y ego de los que las mandaron a construir. Aunque afortunadamente el camino sigue, y eso siempre me da esperanza. Gracias a Dios una noche cientos de vecinos se echaron a la calle y se liaron a mazazos contra el muro. Al menos reconstruimos Dresde, volvimos a levantar el puente de Mostar y sigue abierto el campo de concentración de Nis. Por fortuna aún podemos ir a Venecia, ver el Partenón y contemplar la fusión del Danubio y el Sava desde el viejo fuerte de Belgrado. Pero eso sólo es la mitad de la historia; lo que nuestras madres se callaban para que estuviésemos tranquilos el momento de ir a la cama. Ahora ya somos mayores, y yo he entendido que viajar también es ir a ver lascas de tiros y obuses, blancos cementerios del genocidio y una biblioteca incendiada en Sarajevo. Viajar también es ver un puente de ferrocarril reventado a bombazos sobre el Neretva, estremecerse sobre el puente de Visegrad imaginando los gritos que escucharon sus piedras y pasar por la pasarela que construyeron bajo el segundo puente de Gorazde para evadir a los francotiradores. Viajar también es colarse en misas ortodoxas y mezquitas y hablar con ortododoxos y musulmanes. A veces viajar ni siquiera es aprender, sólo no olvidar. Y perseguir y encontrarse con los fantasmas que nuestra estúpida especie ha ido dejando atrás.



jueves, 28 de mayo de 2009

Amago de fantasía

No podía cerrar los ojos ante tanta maravilla. Sin duda, se encontraba en el lugar más mágico del universo. Mientras caminaba, asistía perplejo y boquiabierto al espectáculo que tenía delante. Todo cabía en aquel camino arbolado. Entre los chopos y las flores de todos los colores, vio un pequeño grupo de demonios haciendo travesuras y chinchando a los caminantes. También había angelitos. Algunos jugaban y se divertían con los diablillos, otros, más serios, vigilaban el camino o reflexionaban tranquilos. Enormes arbustos floridos se movían y sonreían junto a elfos y otros seres del bosque que los guardaban. Había allí comerciantes con aves pequeñas y grandes, comunes y exóticas. También con conejos, ardillas, gatos y perritos. Una señora muy muy gorda paseaba gritando y riendo escandalosamente, abrazando a todo el que se le pusiera por delante. Un grupo de jóvenes bailaba extrañas danzas contorsionistas frente a un vaquero que dormía en el suelo. Un señor muy gracioso se había echo un lío enorme montando su puestecito y se había quedado atrapado entre un montón de trastos. De repente, un dragón chinesco, largo y azul asomó al paseo entre los árboles con las fauces abiertas. Había también una mesa puesta, lista para comer, allí en medio y sola. Un chaval que se acercó a inspeccionarla se metió debajo para ver si había alguien allí, pero lo tiró todo al suelo. Frente a esto, un grupo de negros de la selva mostraba una danza tribal. También había equilibristas, ciclistas confusos, y señores con chistera junto a damas victorianas. Al final del camino, la estatua de un señor enorme y muy serio señalaba decidido al mar. El mar, tal vez fuese aquél su destino, como le señalaba aquél gigante.


Tristemente, el paseo acababa ahí. ¡Papi papi, otra vez porfi!, comenzó a rogar el pequeño. El padre sonrió y asintió. Debía de ser fantástico ver Las Ramblas desde los ojos de un niño.


miércoles, 20 de mayo de 2009

El templo del dinero

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha sentido la necesidad de honrar y agasajar aquello que venera. Prácticamente desde que nació como especie, y en cuanto descubrió la belleza y el arte, se vio impulsado a crear para alguien distinto a ellos mismos. Seres, entes o ideas superiores, mitificadas o sagradas. Y como si fuera un rasgo distintivo de la raza humana, ha sido mantenido individuo tras individuo, siglo tras siglo, milenio tras milenio.

Stonehenge para comulgar con las estrellas y necrópolis desde los albores de nuestra existencia, zigurats en Babilonia, pirámides en Egipto y América y templos a dioses griegos. El Partenón de Atenas, Panteón de Roma, el Altar de Pérgamo y el Busto de Nefertiti. Al principio erigían sus monumentos subordinándose a los superiores, a los dominadores: dioses, faraones y reyes. Después se dieron cuenta de su propia grandeza, y empezaron a construir también para ellos mismos y lo que más les importaba. Los jardines colgantes de Babilonia y sus puertas de Istar. La Academia de Platón. El mercado de Mileto. El faro más hermoso del mundo en Alejandría, el Senado Romano como templo de la política y la sabiduría y madrazas en Persia. Y desde entonces, alternándose en ídolos y agasajados a lo largo de la historia, se han sucedido las maravillas de la mano humana. La biblioteca de Alejandría, la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada. El Castillo de Praga, la universidad de Salamanca, la basílica de San Pedro, templos zen dedicados a la naturaleza, los jardines de Versalles, Potsdam, el castillo de Neuschwanstein, Santa Croce en Florencia o San Francisco de Asís. El Prado, el Arco del Triunfo, la ópera de París o el Palau de la Música de Barcelona. Estatuas a Kart Marx y el Memorial del Holocausto en Berlín. El Parlamento Europeo, la Casa Blanca y el Campidoglio. La Piedad de Miguel Angel, el Cristo Redentor y la Estatua de la Libertad.

Edificios sagrados a aquello que adoramos e idolatramos. Monumentos superlativos. Templos a Dios, pero también a la razón, a la educación, a los libros, al conocimiento, a la libertad, a la naturaleza, al mundo, a la seguridad, a la igualdad, a la justicia, al perdón, a la reconciliación, a la belleza, al mar, al arte, a la música, a reyes y a ciudadanos. A aquello que nos hace más humanos y que gravita constantemente en nuestra existencia. Porque lo divinizamos. Así ha sido, desde que existimos, a lo largo de la historia.

En 1863 la familia Grimaldi encargó al arquitecto Charles Garnier un monumental edificio. Este plasmó su diseño rodeado por jardines, armonizado con influencias renacentistas, barrocas y rococós, y enormes fuentes adornando su entrada, convirtiéndose así en el más bello de la ciudad y uno de los más caros del mundo en el momento de su construcción. Este edificio fue creado para un solo objetivo en concreto, y mantiene tal función desde el mismo momento que abrió sus puertas. Se encuentra ubicado en el distrito de Monte Carlo, y en su interior alberga el Casino de Mónaco. El templo del dinero.

domingo, 17 de mayo de 2009

Cuando me perdí en Barcelona

Viajar es, en gran medida y en el sentido más puro de la palabra, sinónimo de perderse. Sólo sin querer, zambulléndonos en aquellos sitios en los que dejamos nuestros pasos, es como encontramos esas perlas vírgenes que tanta esencia contienen. No en vano, muchos de los sitios más bonitos y visitados actualmente fueron en su día hallazgos casuales de paseantes extraviados. Por eso uno de los pasatiempos de los que más disfruto cuando visito una ciudad es andar sin rumbo, por impulso, y divagar por los lugares en los que los oriundos del lugar hacen su vida y su descanso. Es como únicamente podemos conocer el alma que palpita bajo su piel de asfalto y los monumentos que la agasajan.


Eso es lo que pude hacer aquella mañana en Barcelona. Algunos de mis compañeros ya se habían marchado a conocer la ciudad, y otro aún no estaba listo para salir del albergue, así quedamos una hora más tarde. En realidad aquel lapso me venía muy bien. La noche anterior, escudriñando el mapa de la ciudad condal, me había topado por azar con una pequeña plaza, no muy lejos de Las Ramblas y el Raval, dónde nos hospedábamos, dedicada a George Orwell. Sabía que el inglés había estado viviendo en la ciudad un tiempo, e incluso llegó a combatir en los sucesos de la Semana Trágica del lado sindicalista contra el gobierno republicano y los comunistas, fusil al hombro, por lo que esperaba encontrar alguna referencia a todo esto. Sin embargo, la plaza quedaba muy a desmano de cualquier punto de interés de la zona, y muy alejada de los itinerarios turísticos habituales, por lo que no creo que hubiera podido arrastrar a mis amigos allí, menos si nunca antes habían estado en la ciudad. Así que la única forma que tenía de seguirle el rastro al británico era hacer una pequeña escapadita en solitario.


Las distancias engañan mucho en algunas ciudades, y ocurrió que la Plaza George Orwell estaba a pocos minutos paseando del albergue. Resultó ser un pequeño claro peatonal entre edificios y callejones, con un extravagante, vanguardista e ininteligible monumento presidiendo el espacio y una placa que daba nombre a la plaza. Unos pocos, aunque frondosos árboles daban un encantador contraste verde con el gris del ambiente y un cielo que anunciaba lluvia sin ningún pudor. Me recree un rato en el lugar, pero a los pocos minutos me di cuenta de que poco más tenía aquel sitio que ofrecer, salvo la memoria del genio -que ya es bastante- y no podía exprimir mucho más de allí. Así que me planteé qué hacer. Estaba en Barcelona, en el epicentro del Barrio Gótico y con tiempo por delante. Desde allí podía, como mucho, volver por donde había venido o andar hasta caer al Mediterráneo, que la verdad no es mal final para un aspirante a trotamundos. Di una vuelta en redondo, y me fijé en uno de los abruptos callejones que desembocaban a la plaza. Viejas e inclinadas casas de piedra con macetas en las ventanas, contrafuertes entre ambos lados de la calle y viejos coches aparcados frente a oxidadas verjas eran la credencial de ese pequeño arroyo de Barcelona. Sin pensarlo más, me puse a caminar sobre sus viejas y ajadas losas, a veces rotas e irregulares. Las casas, la mayoría de planta baja, desprendían olor y ruido de cocina, vertiéndolos al torrente. Voces de mujeres y niños en conversaciones ordinarias surgían de su interior haciéndome sentir un voyeur de las esencias. El cielo, aunque gris, iluminaba vivamente la escena, y las ropas tendidas al aire se convertían en las singulares y auténticas banderas del paisaje. Sólo era la segunda vez que visitaba Barcelona y sentía como la ciudad se sinceraba conmigo y me regalaba un pequeño reducto de su intimidad, dejándose conquistar, coqueta y flagrante, a la segunda cita. Así me sentía yo siguiendo mi paseo, como una especie de Don Juan de los caminos amando a una dama que se deja poseer descubriendo sensualmente la fragancia que defiende sus rincones más secretos.


Yo seguí con mis pasos gozando de aquel Edén urbano. No sé como no tuve un orgasmo allí mismo. De repente, un gran campanario de piedra y una enorme y colorida cúpula coronada por una imponente figura florecieron entre los tejados y los balcones, coronando el paisaje. Mi callejón de inspiración bíblica se acabó, y busqué su nombre entre las esquinas: Carrer de Avinyó. Continué callejeando en busca del origen de aquella cúpula que no recordaba de ninguna de mis andazas anteriores por Barcelona –y las ha habido extenuantes- hasta que llegué a una gran plaza cuadrada y a, como descubrí investigando entre letreros y carteles, la Iglesia de la Mercé. Fui a entrar, pero me encontré con que estaban en misa y no era el momento de importunar fés ajenas. Me senté a descansar bajo los árboles que rodeaban la plaza, hasta que al poco las puertas de la Iglesia se abrieron y empezaron a desparramar gente a la plaza.


Cuando me acerqué, descubrí que un párroco alto y enjuto, de pelo blanco, aguardaba en la puerta del templo mientras una larga cola de feligreses esperaba para salir. El cura iba saludando a cada persona que salía de misa e intercambiaba unas palabras con ellos, felicitándole las pascuas. Sólo en aquel momento recordé que era Domingo de Resurrección. La mayoría lo llamaba por su nombre, y este correspondía respondiendo por su nombre de muchos de los parroquianos, interesándose por las dolencias de los más mayores. Sin embargo, no todos eran habituales aquel día de Resurrección, y numerosos turistas y extranjeros formaban parte de la cola. El cura los saludaba igual, y haciendo un esfuerzo por hablar en su idioma les preguntaba de dónde venían, si les había gustado la misa y si estaban disfrutando de Barcelona. Así vi al párroco departir con fluidez y simpatía en inglés, italiano y francés, y chapurrear en portugués y en alemán. No me pareció oportuno entrar en la iglesia en ese momento tampoco, así que me quedé en el umbral del templo oteando su interior y admirando su retablo.


En la fila que aguardaba a salir de la iglesia, un padre cogía por los hombros a un niño impaciente por saludar al simpático cura. Cuando les llegó el turno y este les preguntó de dónde venían, el niño gritó entusiasmado en un cerradísimo acento inglés “Croatia!”. “Croatia!”, repitió ante la incomprensión del párroco. “Cro-a-tia” dijo más lento, cuando vio que el cura acercó paciente su oreja a la boca del joven. Esta vez sí. “Oh! Croacia!”, respondió, y charló un poco con ellos en inglés. Cuando terminaron, el niño corrió emocionado a la plaza, mientras el padre croata permaneció parado en el umbral. Noté que se fijaba en una mujer muy mayor que mendigaba recostada sobre uno de los escalones del templo. La vieja estaba totalmente vestida con ropas negras, llevaba la cabeza cubierta, y era muy arrugada y blanca. El padre se acercó, se puso en cuclillas frente a ella, y para sorpresa de la anciana, comenzó a hablarle. Y la anciana le respondió. Usaban un idioma que yo jamás había escuchado y que no pude identificar, pero de la boca de la mujer escuché una palabra que me sonó muchísimo a “Serbia”. Cuando terminaron de hablar, el hombre abrió su cartera y le ofreció un billete de 50 euros a la anciana, que agradeció más con la mirada que con palabras. Se despidieron mirándose a los ojos, él le apretó fuertemente el hombro, y se marchó a recoger a su hijo.


Y todo eso me regaló la ciudad, cuando me perdí en Barcelona.



miércoles, 4 de marzo de 2009

Vivir

Hace ya mucho tiempo que llegué a la conclusión de que la rae no es siempre la fuente más adecuada para conocer el significado de una palabra. Hoy he vuelto a pensar en esta idea al buscar en el diccionario el término viajar, que como me he imaginado establecía una definición totalmente errónea.

Viajar no es trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción, ni siquiera es la acción de desplazarse siguiendo una ruta o trayectoria.

Que va, es algo mucho más simple y a su vez más extenso.

Viajar es recordar, viajar es disfrutar, viajar es andar, viajar es subir, viajar es bajar, viajar es un tren, viajar es un aeropuerto, viajar es una baraja de cartas, viajar es un baño, viajar es presentar, viajar es conocer, viajar es comer, viajar es beber, viajar es una mochila, viajar es un billete, viajar es una faltriquera, viajar es un monte, viajar es un lago, viajar es música, viajar es media pinta; una pinta entera o una jarra de un litro, viajar es un cangrejo, viajar es un metro, viajar es frío, viajar es calor, viajar es una foto, viajar es un vídeo, viajar es una carrera, viajar es un pique, viajar es un puente, viajar es un albergue, viajar es un sombrero, viajar es sentir; querer y odiar, viajar es un mechero, viajar es un payaso, viajar es una moneda, viajar es una deuda, viajar es una larga conversación y una breve tontería, viajar es dormir; madrugar o trasnochar, viajar es un periódico, viajar es una cama compartida, viajar es un reloj, viajar es un regalo, viajar es una expresión, viajar es política, viajar es un continente; un país y una ciudad, viajar es to fall in love, viajar es una eterna botella de ginebra holandesa , viajar es una ley, viajar es un libro, viajar es un cuarto de baño, viajar es un billar, viajar es un chillido y en consecuencia un susto, viajar es una recomendación, viajar es una locura, viajar es un mercadillo, viajar es una iglesia que existe o una que no existe, viajar es un río o el/la mar, viajar es una pastelera generosa, viajar es una discoteca, viajar es un restaurante casero; un bocadillo y un McDonald, viajar es una destilería, viajar es una enorme plaza, viajar es un picadero o un hotel de cinco estrellas, viajar es un idioma, viajar es una bandera, viajar es correr y pararse, viajar es una cola, viajar es una navaja suiza, viajar es una isla, viajar es sol y lluvia, viajar es un abrigo usado, viajar es una bota, viajar es un túnel, viajar es una guía, viajar es un ordenador, viajar es la casa de un amigo, viajar es una dependienta de Halcón, viajar es facturar, viajar es una religión, viajar es un estadio e inclusive un partido, viajar es un edificio futurista o una ruina babilónica, viajar es un cuadro, viajar es un extintor, viajar es una coincidencia, viajar es un souvenir, viajar es Miguel Ángel; Van Gogh y Miró, viajar es un supercuadernito, viajar es escribir; contar y dibujar, viajar es una fuente, viajar es reír a carcajadas, viajar es una oveja negra y un buen panorama.

Viajar únicamente no es morir, VIAJAR ES, sobre todas las cosas, VIVIR.