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miércoles, 28 de marzo de 2012

Esclavos

Somos esclavos. Esclavos de poderes políticos que nos manejan con su manipulación ideológica, esclavos de los poderes financieros que nos acucian en pos de beneficios propios, esclavos de un sistema caduco que hasta el más necio de los tontos puede comprobar que ha sido consumido, esclavos de unos medios de comunicación que trabajan detrás de las ideas de los poderes financieros y políticos pero los sobrepasan en influencia, en el contacto directo invisible tan difícil de descubrir. Somos esclavos del S.XXI, diferentes pero esclavos al fin y al cabo, reducidos por la deshumanización, absortos, rendidos, obedientes. Soldados del sistema, luchadores incansables sin autonomía propia. Y lo peor de todo, somos esclavos de la egoísta naturaleza humana, identificable como única e incapaz de ejercer en común con el prójimo como bandera.

Eso es lo que demostramos a cada momento, en cada situación política crucial de nuestra vida. Es lo que vamos a demostrar mañana.

Porque si no fuésemos meros esclavos del sistema no nos costaría darnos cuenta de que somos la coartada de los tres grandes jefes. El débil al que responsabilizar ante el fallo, el ignorante que parte con la desventaja de no saber qué es lo que verdaderamente ocurre, el animal manipulable y manipulado. La cabeza del alegato, los culpables y las víctimas.

Si no fuésemos esclavos nos pondríamos de parte del humano, porque el único humano que no es culpable, el hombre irresponsable, el que no ha llegado a la corrupción es el ser humano común, el hombre de la calle. No sólo el trabajador, no sólo el parado, no sólo el pobre. El hombre que no esté en la cúspide de alguno de los tres sistemas que nos miran desde la atalaya de la jerarquía. Da igual su función, su labor, su estatus, su clase. El empresario, el obrero, el jefe, el trabajador. Somos todos esclavos de las miras, y si no lo fuéramos no atenderíamos a clasificaciones.

Si no lo fuéramos no nos importaría tener joyerías, trabajar en la Junta, estar parados, ser dueños de dos bares, ser de izquierdas, ser sindicalistas, recoger uvas, ser estudiantes, ser de derechas, vivir en la ciudad o vivir en el campo. Si no fuésemos unos putos esclavos de un sistema caduco, corrupto y manido mañana sería un buen día para protestar, como también lo era el 15 de mayo o el 19 de septiembre. No para protestar contra la reforma laboral del PP, sino para protestar contra ese Gran Hermano que nos atosiga y que día tras día se parte de risa en su despacho contemplando desde su vidriera cómo nos peleamos entre nosotros, y descojonándose al recordar cómo nos llaman a la paz desde su sistema democrático, que nunca tuvo tan poco de democracia.

viernes, 23 de marzo de 2012

Secuestro electoral

Pues sí, resulta que aquí tenemos elecciones en dos días. Y así es como estamos, atados de pies y manos por unas papeletas que nos llevan en cadena por un camino predeterminado y que además, dan bastante asquito. Apestan, vaya. El sentimiento generalizado, o al menos el que yo puedo percibir, es que por estas latitudes no nos hace ninguna ilusión eso de tener que ir a votar el domingo. Es una especie de pa qué muy grande y muy desagradable en que vamos con las cartas marcadas y en el que Andalucía se ve obligada a elegir entre lo malo y lo peor. Cuando Camps ganó las pasadas elecciones Valencianas, muchos de allí dijeron que si los valencianos fueran hobbits, habrían votado a Sauron. Puestos a seguir con ese símil, podríamos decir que los andaluces fuésemos los hobbits ahora, tendríamos que elegir quíen preferimos que nos proteja: si Sauron o una piedra. Desde luego que uno tiene peor pinta que el otro, pero... ¿¿¿qué coño va a hacer una puñetera piedra por nosotros??? Bah, dejadlo. Probablemente si la mejor opción que tenemos para velar por nuestros intereses es un cacho de roca, la mayor parte de la culpa sea nuestra. Y lo que me jode no es que muchos vayan a optar por ella, sino el Club de Fanáticos Adoradores de la Piedra que se monta en torno a ella. Si yo pudiera, optaría por lo adoradores de la sandalia (todo el mundo sabe que aparecieron antes que los adoradores de la calabaza), pero desgraciadamente no se presentan en Andalucía. Tampoco el Frente Judaíco Popular, ni el Frente Popular de Judea. Eso facilitaría en algo las cosas. Pero no, ellos prefieren quedarse con sus cosas y olvidarse de nosotros.

Asumámoslo. Incluso antes de plantearnos el voto. A estas alturas de la película, aquí ya sólo tenemos tres opciones posibles para la noche de la jornada electoral. O gana el PP por mayoría absoluta, o no consigue esa mayoría absoluta y el PSOE pacta con IU, o una última opción posible pero muy poco probable, que UPyD saque escaños suficientes para darle el gobierno a PP en caso de que no llegue a la dichosa mayoría absoluta. Visto así, ¿quién prefiero que gane? Bueno, la respuesta es obvia. Nadie. ¿Quién me da, entonces, más miedo que pueda hacerlo? Uf, sabe Dios. Hay que elegir entre los corruptos que se han llevado nuestro dinero (y mannda cojones que la cosa sea tan repugnante como para que ellos sigan siendo una opción), o los que ya han empezado a podar por el resto del país y se guardan la traca final para cuando las elecciones acaben. Es completamente cierto que 30 años de socialismo son demasiados y es imperativo un cambio, pero precisamente ahora... No sé, lo mismo no sea tan malo aguantarlos cuatro añitos más a cambio de conservar la sanidad pública y gratuita, las becas escolares (Andalucía es la que más ofrece) y la apuesta por las renovables. Y sí, estoy diciendo que quizá no sea tan malo soportar a esos a cambio de conservas esas cosas. A los que han robado el dinero de los despidos, han dado contratos a sus familiares y se gastaban nuestros recursos en kilos de cocaína. Si para alguno es difícil leerlo, imagínense para mí que lo estoy escribiendo.

¿Votaré al PSOE entonces? Ni de coña. Sólo decía que entiendo que visto lo que se nos viene encima, para algunos continúen siendo una opción. Pese a que yo les deseo el mayor de los fracasos. ¿Votaré pues, al PP? Los cojones. Pero vista la alternativa, pues me parece lógico hasta que ganen. Entonces, si lo que temo es perder esas conquistas sociales de las que gozamos aquí... ¿Debo votar a IU? No. Ya he dicho que no voy a votar al PSOE. Y aunque a nivel nacional aprecie con sinceridad lo que está haciendo ese partido, no puedo votar en conciencia a alguien que ha demostrado la falta de independencia más absoluta en nuestra comunidad. Bueno, parece que la mejor opción posible sería un gobierno del PP en minoría con UPyD. ¿Es la mejor opción de voto entonces? Venga hombre, imposible. ¿Cómo voy a votar a un candidato tan jodidamente feo y con esa cara de pollo? ¿Qué pasa? ¿Por qué me miran así? ¿Ellos se pasan todo el año repartiendo argumentos populistas y oportunistas y yo no puedo usar uno ahora?

Total, señores que yo ahora mismo me debato entre tres opciones. O voto a EQUO (siempre fui un enamorado de las causas perdidas), o voto a Ciudadanos en Blanco (el único voto realmente útil, la verdad) o me cojo un papeleta del PP (ya que va a ganar), me limpio el culo con ella después de cagar, y la meto impregnada de mierda en el sobre para demostrar mi más sincera opinión sobre nuestro sistema democrático y las opciones que contamos. Ya lo decidiré sobre la marcha. Según cómo tenga de suelta la barriga el domingo.

                                                                     ¡VOTE PIEDRA! ¡No somos tan malos como los otros!

sábado, 4 de febrero de 2012

Decrecimiento

Somos muchos los que hemos visto la luz en estos últimos tiempos, la luz que nos ciega con su ambición, su corrupción y su fallo. Hemos visto como nos estamos dirigiendo hacia la infinitud de un mundo finito, hacia la confirmación de unos objetivos sociales que visto está que no aportan nada bueno ni al hombre ni al mundo. Hemos (pre)visto el fin de aquello que nos vendieron como solución definitiva, y vemos con pavor como el movimiento pendular que tantas veces ha demostrado existir a lo largo de la historia nos introduce en el entreacto de esferas políticas que juramos no volver a repetir. Sin embargo, existen corrientes que luchan para frenar este bólido de carreras que se aproxima a 300 km/h hacia una tapia fijada.

¿Que qué es el decrecimiento?

No sé si es mejor buscarlo wikipedia o entenderlo con un ejemplo. Yo pongo la anécdota, el enlace buscadlo vosotros:

En un lugar perdido de la Amazonia brasileña, unos misioneros se adentraron en esa región hasta encontrarse con unos indios que dedicaban su labor a cortar leña con instrumentos primitivos. Los misioneros en pos de ayudar a los indios les obsequiaron con unos cuchillos inoxidables de fabricación norteamericana, aceptados con extrañeza por los últimos.
Un par de años más tarde los misioneros regresaron a la tribu brasileña y les preguntaron por los cuchillos, a lo que los indios responden que les va muy bien desde entonces, que tardan diez veces menos en cortar la leña. Ante eso, los misioneros comentan que se imaginan que la producción, por lo tanto, será diez veces mayor. Pregunta que sorprende a los nativos, que perplejos replican diciendo que no, que ahora tienen diez veces más de tiempo libre para dedicárselo a aquellas cosas que les hacen más felices.

miércoles, 1 de febrero de 2012

"Cómo empezar una revolución"



"Cómo empezar una revolución" es el título del documental emitido el pasado domingo en Documentos TV, en La 2 de Televisión Española. Dirigido por Ruaridh Arrow en el 2011, el documental realiza un retrato de Gene Sharp, filósofo estadounidense mundialmente reconocido por su desarrollo de las técnicas de lucha política no violenta, a través de su obra más reconocida: "De la dictadura a la democracia"

"Cómo empezar una revolución". Pues sí, como podéis ver, la cosa últimamente va de documentales. Os jodéis. Y éste es tan sensacional o más que el de la semana pasada. Quizá un poco menos "emocionante", pero precisamente por ello mucho menos sensacionalista y más objetivo. También es más asequible y corto: apenas 50 minutos de nada que pueden ayudar a cambiar vuestra visión del mundo actual, sus problemas y las posibles soluciones a este.
Conmigo, desde luego, lo consiguió. Y si lo pongo aquí y os lo recomiendo como un poseso es porque sinceramente creo que, desde luego sin ser una obra maestra de documental, la información y los conocimientos que nos ofrece, lo que divulga (qué coño, precisamente para eso existen los documentales) es de un interés y de un valor incalculable y os ruego, como hice la semana pasada, que hagáis un favor al mundo en general y a vuestra alma en particular y lo veáis.
El documental repasa la vida de Gene Sharp a través de su obra más importante: "De la dictadura a la democracia". Gene Sharp es un filósofo estadounidense, fundador de la Institución Albert Einstein, basada fundamentalmente en el estudio, desarrollo y expansión de la lucha no violenta cómo medio para la revolución política. Tanto ese libro, como las "198 métodos de acción no violenta" son las obras capitales de Sharp y sobre ellas gravita todo el documental. Estos manuales revolucionarios, sus técnicas y su estrategia, fueron puestos en práctica por primera vez y perfeccionados en Serbia, en las revueltas populares que acabaron con el hijo de la grandísima puta de Milosevic.Posteriormente saltaron a Ucrania, Rumanía, y han acabado siendo usados por los líderes de los movimientos de la Primavera Árabe. Delante de nuestras mismas narices hace menos de un año y no teníamos ni idea.
Sólo os deseo que al terminar el documental os invada la misma duda que me invade a mí desde entonces. Cómo coño es posible que esto exista desde hace casi 20 años y yo no haya sabido nunca antes de él.



Como no podía ser menos dados sus principios y su lucha, además de que los libros de Gene Sharp se pueden comprar, también se pueden descargar gratuitamente de su página oficial y el poseedor tiene permiso para distribuirlos. Aquí os dejo un par de links con los dos mencionados en español en PDF, para ver online y descargar:

miércoles, 25 de enero de 2012

Con la venia de su CALAÑA

“Alarma social”. “Gran alarma social”. Con esas palabras ha presentado hoy el Ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, el cambio de ciclo que se está empezando a gestar en España, un cambio de ciclo generado por la inquina y el resentimiento. Un movimiento surgido de la venganza popular, de la sinrazón vengativa carente de los elementos objetivos necesarios para construir un ordenamiento jurídico no ya justo, sino lógico. Lógico con el progreso, con la equidad, con los valores que han convertido al mundo en un sitio, dentro de su miseria, mejor de lo que era antes.

Pero, ya sabemos, el dolor y el miedo traspasan fronteras, y la idea de alternación de posiciones es, incluso, algo coherente con las tendencias semirradicales. Vamos, que puedo llegar a entenderlo en una situación límite a pesar de mi condena. No es menos cierto que me duele comprobar como la noción de justicia se ve menoscabada por gente que la utiliza como sinónimo venganza, afortunadamente hasta hoy consideraba que de lo poco bien que se hacía ahí arriba, en ese púlpito de dioses políticos que hacen y deshacen a su antojo, era no tolerar la intervención popular en el poder legislativo, en el poder judicial.

Hoy eso ha muerto.

Hoy el pueblo ya no es sinónimo de libertad (si es que alguna vez lo fue). Es sinónimo de masa enfurecida, de tropezones aderezados con el calor de las antorchas que claman “JUSTICIA, JUSTICIA” intentando derribar las puertas del castillo, donde el asesino espera.

Se ha muerto la relación de causalidad, ha muerto la igualdad tipificada. Si la intención expuesta por el Ministro Gallardón sigue adelante, la objetividad de los requisitos penales ha dejado paso a la subjetividad y a la popularización de la justicia.

Alarma social, es decir, cuando los medios de comunicación quieran. Cuando la vox populi salga de la cueva movida por el morbo y la influencia. Entonces ahí se podrá aplicar la “prisión permanente revisable”. Sí cuando la víctima del homicidio sea una niña con cara de ángel, no cuando la víctima del asesinato sea un vagabundo. Sí cuando el asesino sea un asesino en serie, no cuando el asesino sea un asesino de traficantes.
La alarma social, el concepto que desde hoy se utilizará como algo nuevo que ya existió, y que me acerca poco a poco, idea tras idea, al verdugo, a la plaza y a la horca.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Una de zombies (y parte III)

Total, que no hubo manera de que los chinos entraran en razón y las peores pesadillas del presidente estadounidense se hicieron realidad. A la mañana siguiente, el presidente de la República Popular China mandó a sus tropas que se retiraran y lanzó un puñadito de cabezas nucleares propulsadas con misiles. Los DF-5 intercontinentales no tuvieron que recorrer medio mundo para llegar a su objetivo, pero de todas formas armaron el pifostio al caer como si para ello hubieran sido concebidos.
Cuando explota un arma nuclear, quienes tienen la mala idea de mirar hacia la explosión, muy probablemente se quedan ciegos. Y casi son afortunados, porque así se libran de ver la gigantesca y aterradora bola de fuego. Es típico que en el punto exacto de la detonación se alcancen temperaturas 15 veces más altas que las que hay en el centro del Sol. Cualquier persona a menos de 45 km muere por la radiación térmica. Después de eso, el aire que rodea la explosión se quema y se expande formando una brutal onda de choque que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Como el aire que rodeaba la explosión se ha ido en la onda y se ha elevado, se forma un vacío provocando que tras esa onda de choque, un feroz viento corra en dirección opuesta derribando lo poco que pudiera quedar en pie. Todo ello unido a que el 80% de la energía de la explosión no se libera como calor, sino como destructivas radiaciones ionizantes y que poco después, todo el polvo liberado en la atmósfera empieza a depositarse y a caer en forma de lluvia radioactiva, no hacía presagiar que de Kazajistán y de Kirguistán quedaran más que dos enormes solares funcionando a tiempo completo como cementerios self-service. Y, hablando de cementerios, ¡ay, si los muertos de esa zona pudieran hablar! Tantos rebaños y tantas gentes de aquí para allá, tanta bomba, tanta monserga y tantos terremotos de un lado a otro sin parar de mover las tierras en las que intentaban descansar, apenas podían conciliar el sueño eterno que les correspondía y ni tenían la sangre coagulada en las arterias después de tantos años. Menudo ajetreo de muerte tenían, que ni en vida habían estado tan movidos. Muchos de ellos ni se extrañaron al ver que podían volver a moverse y con total naturalidad rompieron a puñetazos las tapas de sus rudimentarias tumbas para salir al exterior. Alguno un poco lúcido, ya en la superficie, tuvo el acierto de preguntar “¿Cómo es esto posible, si recuerdo perfectamente haber muerto?” y como hasta entre los muertos vivientes hay sabihondos, de algún lugar surgió la voz de un listillo que dijo “¿Pero no es evidente que, al no estar protegidos en una jaula Faraday, el intenso pulso electromagnético generado en una explosión nuclear nos ha devuelto a la vida? No hay más que ver la que hay montada aquí fuera”. A pesar de lo pedante, al zombi no le faltaba razón. Habían vuelto a la vida en mitad de un invierno nuclear, y en pleno oscurecimiento radioeléctrico no podrían ni llamar a sus familias para contárselo (aunque, bueno, es probable que todos estuvieran muertos).
La reconstrucción no fue fácil porque a pesar de que algunos zombis sólo parecían haber pasado una mala noche en lugar de haber estado años bajo tierra, la mayoría no conservaban intacto el cerebro y tenían mermadas sus capacidades motoras. No obstante, dirigidos por los zombis más inteligentes, los demás fueron volviendo a levantar casas, poniendo suelos en las calles, excavando un alcantarillado (que falta le hacía a esos países) y, en fin, rehaciendo todo lo que fuera menester rehacer. Los zombis menos espabilados se limitaban a obedecer órdenes de sus superiores, a trabajar, a descansar a ratos del trabajo, a comer cuando el trabajo lo permitiera y a no protestar, no como si no tuvieran ahora la capacidad de pensar, sino como si nunca antes la hubieran tenido. Como la clase media.
En el tema de la comida todo iba sobre ruedas porque bien es sabido por todo el mundo que los zombis se alimentan de cerebros humanos y allí, desperdigados por doquier, había cadáveres para ir tirando, por lo menos, hasta que se hubieran establecido en sus nuevos hogares. Ya pensarían más adelante en repartos de cerebros a domicilio o cosas así. En cualquier caso, algunos de los zombis listos ya habían mantenido contactos diplomáticos con Taryikistán, un país vecino a Kirguistán. Al parecer, los tayikos estarían dispuestos a suministrarles cadáveres a los zombis a cambio de algunos trabajadores zombis por aquí, algunos soldados zombis por allá y quizás zombis menores por acullá. El problema residía en que al parecer desde hacía muchos años China tenía ciertos tratados de cooperación con Taryikistán por los que estos habían prometido darles sus muertos a los chinos y ahora el presidente de la República Popular China estaba enfad… ¡Bufff, qué pereza! ¿No os cansa a veces el mundo en el que vivimos?



P.D: Ea, po hasta aquí la historia de los zombis. Siento si os ha defraudado que los zombis sean consecuencia (en parte) de la bomba nuclear, pero es que la historia es asín. En realidad esto podría haber sido un minimalismo más, pero me lié a hablar de los políticos y fue lo que salió.


"Desde que no fracasa, el suicida ya no es lo que era..."

martes, 29 de noviembre de 2011

Os vamos a destrozar

Te guardaremos tu tesoro. Te cobijaremos día y noche en las tinieblas de nuestra fortaleza. No sólo te vamos a proveer de aquello que hasta hoy considerabas básico, sino que vamos a dibujarte y convertirte en materia aquello que soñaste y creíste que nunca podía ser tuyo. Te sonreiremos porque sonríes, te diremos que te queremos porque nos quieres, jugaremos juntos a ser amigos y cuando te marches por la puerta giratoria te irás con la sensación de haber redondeado tu vida, de haber apostado a caballo ganador, y compartirás con tus seres queridos la supuesta felicidad que llegaba con lo que te habían cedido. Y vivirás durante miles de días con nuestro recuerdo intacto, con la única comunicación telegráfica que sólo te llevará una tranquila rutina completarla. Y trabajarás, jugarás con tus hijos o con tus sobrinos, harás el amor con tu pareja, saldrás y entrarás disfrutando de aquello que te concedieron, los días serán sólo veinticuatro horas tras veinticuatros horas, y nada más que recordarás el alcance del mes para disfrutar de tus vacaciones, preguntarle a tus hijos por sus notas y aprovechar la llegada del otoño en verano y la de la primavera en invierno.

Hasta que un día descubrirás que nada de eso era cierto. Que te engañamos con falsas promesas que nunca se cumplieron, que te ocultamos lo que ya sabíamos para colmar nuestra ambición, que jugamos y nos estrellamos una y otra vez con lo tuyo en el circuito inmenso del mundo, y guardamos para nosotros una y otra vez lo que salió de lo que te pertenecía. Nos apoyamos en nuestros amigos, que nos dieron el poder y nosotros a ellos el dinero, y somos inmortalmente irreductibles unidos mientras que vosotros lloráis y lamentáis vuestro error. Aplacamos cada embiste de nuestro error con la coraza de lo vuestro, desgastándola hasta que ya no existe para poder huir con la tranquilidad de tener todo lo que soñamos y la inmunidad que se necesitaba. Y seguimos llamando a vuestras puertas, con la falsedad por bandera, denunciando lo que por nosotros se provocó y obligándoos a dejar lo poco que os queda, poniéndoos la soga al cuello y apretando un poco cada mañana hasta que digáis basta, y creáis que todo se acabó. Pero no todo acaba ahí, porque con lo vuestro en nuestra posesión, os vais a dar cuenta de que no era suficiente con dar aquello que te intercambiaron mientras tu sufrías la inmensa losa del trabajo diario, vais a seguir perseguidos por el ladrón, como una víctima que huye de su asesino sin la esperanza del fin, sólo dejando en el camino los resquicios de esperanza que te labraste cada temprana mañana para morir asfixiado por la persecución y viendo la sonrisa del malvado, la sonrisa de la tranquilidad y la seguridad que creíste tener y nunca tuviste. La sonrisa frente a la hemorragia. La libertad eterna frente a la esclavitud moderna. La vida frente a la muerte. Los bancos frente a la gente.

Os vamos a destrozar.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Una de zombies (parte II)

“Señor Presidente, unos campesinos de un pueblo cercano a la frontera china estaban con sus ovejas pastando y esas cosas cuando han visto una cantidad enorme de soldados chinos. Aseguran que tenían botellas de camping-gas”, “¿Por qué lado de la frontera?”, “Los pastores a nuestro lado y el ejército al suyo”, ¿Hay confirmación vía satélite?”, “No, Señor Presidente”, “¿Por qué, maldita sea?”, “Porque en Kirguistán no tenemos”.
En Rusia y en EEUU, que sí tenían satélites, habían visto el despliegue del ejército asiático en todo su esplendor. Los rusos no tardaron en reaccionar como cabía esperar: los hijos y nietos del Ejército Rojo se movilizaron para arrimarse a la frontera con Kazajistán. Se preveía que en pocas semanas llegaran a acumular alrededor de 20 mil soldados rubios entre ejército de tierra y aire, que en apoyos aéreos no es en lo que iban a ahorrar.
Por su parte, el líder del mundo libre se tiraba de los pelos en su ahuevado despacho porque no comprendía que hubiera países tan impulsivos y belicosos como para entrar en una guerra por razones tan interesadas. En realidad no comprendía que hubiera más países tan impulsivos y belicosos como para…
En Kazajistán se enteraron por parte de los rusos, que les prometieron protección y tal. “Pero, Señor Presidente, si los chinos están enfadados con ustedes y son sus dos países los que van a entrar en el conflicto armado, ¿por qué lo hacen en Kirguistán y Kazajistán en lugar de en China o Rusia?”, “¡Puf, a ver quién se pone de acuerdo con esa gente! Seguro que se les acaba la hospitalidad y dicen que para acabar la fiesta nos tomemos la última en el Kremlin”, “¿Entonces van a solucionar sus diferencias destruyendo dos países que han cuadrado en medio?”, “No se equivoque, Señor Presidente, que luchamos por su libertad, que si fuera por nosotros…”, “¿Nuestra libertad? Si por mí fuera mañana mismo le diría al presidente chino que el oleoducto no se hace”, “¿Y dejar que nos pisoteen esos pequeños seres amarillos? Ande, ande, no se preocupe que al final las guerras son más lo que parecen que lo que son”. Y así se le quedó el cuerpo al presidente kazajo.
En Washington los servicios de inteligencia estaban hasta arriba. El comandante en jefe del país de la libertad, en un arrebato de conciliador liderazgo, descolgó el teléfono y le pidió a su secretaria que le pusiera con China y Rusia (pero no con los países enteros, sino con sus respectivos presidentes). La conversación se resume en que el americano quería llamar a la cordura a los asiáticos, los chinos exigían a los rusos que dejaran tranquilo Kirguistán, los rusos apelaban a la libertad de los países para comerciar con quien quieran, los estadounidenses pedían que se tuviera la fiesta en paz, los chinos no cedían ni un milímetro, los rusos se impacientaban… hasta que un fallo de traducción de un diplomático que actuaba como intérprete hizo creer al presidente chino que el presidente ruso en lugar de decir “En nuestras manos está el mantener Asia unida”, había dicho “Yo me cago en tu puta madre, chino de mierda”. Como es lógico, la conversación se precipitó en una marabunta de “El que lo dice lo es con el culo al revés”, “Rebota, rebota y en tu culo explota”, “Tengo una piña llena de piñones y tú no la comes” y demás lindezas. El presidente de la República Popular China fue quien cortó la comunicación, no sin antes decir amenazante “Ateneos a las consecuencias”.
Ante tal situación, que hacía presagiar una hecatombe, la ONU actuó rápidamente con la contundencia a la que nos tienen acostumbrados: en pocas horas, los presidentes de los países involucrados en el incidente recibieron un correo electrónico que decía “Guerra mala”. Sin lugar a dudas, el hecho de que se desatara una guerra entre las superpotencias asiáticas daría para varias cumbres. Y alguna que otra votación casi seguro que también caería.
Esa noche, en la suite presidencial de la residencia de La Casa Blanca, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica dialogaba con su mujer, la Primera Dama. “¡Ay, querida, qué día! China se ha enfadado con media Asia por culpa de un tubo para llevar cacas de peces fosilizadas”, “¿Y se ha enfadado mucho?”, “¿Mucho? Tenía el ejército preparado para invadir Kirgistán y Kazajistán en una mañana, y la situación ha empeorado”, “¿Peor aun?”, “Peor, querida, mucho peor. Rusia y China tienen potencial nuclear”, “Ay, cielo, no pienses en eso”, “Desde luego no quiero ni pensar en que pueda haber alguien tan descerebrado, maníaco, estúpido, mal nacido, genocida, desgraciado y tontín como para ponerse a tirar bombas nucleares”, “¿Hablas del presidente Truman?”, “…”, “¿Cariño?”, “Tu-tu-tú, tu-tu-tú”, “Cariño, no estamos hablando por teléfono”, “Ya veo”, “Anda, duérmete un rato”.


P.D: Ya van los zombis, ya van...

"Si mañana fueran las elecciones para elegir el mejor plato del mundo, saldría la mierda con mayoría absoluta, porque hay muchísimas moscas."

martes, 15 de noviembre de 2011

Una de zombies (parte I)

Y los kazajos, angelitos, qué iban a saber. Ellos vieron las ganas que tenían en Kirguistán de mandar petróleo a Rusia y, claro, no tuvieron razones para negarse a que el dichoso oleoducto pasara por su barrio (previo pago de ciertos aranceles y emolumentos). Además, vetarlo habría sido un buen motivo para que dos de sus vecinos se enemistaran con ellos y tuvieran problemas, así que no merecía la pena. Rusia estaba loca de contenta, no le quedaba otra, pues le iban a traer el crudo con el periódico hasta el portal por dos duros y cuatro palmaditas en la espalda. Para los pequeños países asiáticos tener amigos tan importantes como Rusia era una bendición, que luego hay una revuelta o una Guerra Civil y conviene tener una manga de la que tirar para que te hagan caso.
Todos estaban contentos, pues. Todos menos el gigante chino, obviamente, que veía cómo cada litro de negra riqueza que iba para los soviéticos, se alejaba dramáticamente de ellos. Además, la importancia del enanito Kirguistán se vería enormemente reforzada al entrar en el mercado de las gasolineras. ¡Con todo lo que ellos habían hecho por Kirguistán! Llevaban años comprándole petróleo y vendiéndoles combustible, llevaban años de prósperas relaciones comerciales, de esas que propician magníficas relaciones diplomáticas, de esas que generan prósperas relaciones comerciales, de esas que…
China (no China entera, sino su presidente) llamó a Rusia (bueno, lo mismo de antes) para decirle que ya hay que ser rastrero para sorber con una pajita su charco de energía, que tenían tratados de colaboración con Kirguistán, que no hicieran el tonto, que te meto con el mechero y todas esas cosas. Rusia contestó “¿Me hablabas a mí? Disculpa, es que estaba distraído haciendo un oleoducto”. En aquel vetusto despacho, el aire y el ambiente podían untarse en biscotes. El presidente chino se mantuvo varias eternidades en silencio, digiriendo la impertinencia del presidente ruso, aferrándose a los brazos de su sillón como si agarrara por el cuello a toda Rusia entera.
Los kirguisos no tardaron mucho en recibir su correspondiente llamada. Nada más descolgar se escuchó “Anda que ya os vale a vosotros, con lo que hemos sido, yo esto me lo esperaba de cualquiera menos de vosotros”. La secretaria le pasó la llamada al presidente kirguís y el presidente chino repitió nuevamente su perorata, ahora a quien debía. “Esto no quedará así, ¿cómo pretendes nutrir de petróleo a las dos superpotencias asiáticas a la vez?, ¿crees que permitiremos que mandéis al traste años de buenas relaciones?”, decía el presidente chino. Su homólogo kirguís contestó “¿Perdona? No te escucho bien porque se me caen de la mesa montañas de rublos”.
Mientras el dirigente mandarín no tenía más uñas para morderse, en Kazajistán las veían venir. Por una vez en la historia ellos no habían hecho casi nada malo y se sentían como el pelota de la clase. Por eso les cogió por sorpresa la llamada del presidente de los EEUU, aunque bien pensado había tardado demasiado en intervenir, con su prepotente metomentodismo, sus aires de policía mundial y sus gritos de libertad. “Señor Presidente, debería usted considerar la posibilidad de obstaculizar la construcción del oleoducto entre Kirguistán y Rusia”, “¿¿¿Yoooo???”, “Sí, usted, Señor Presidente. Entienda que ni los soviéticos ni los kirguisos lo harán y China va a coger un cabre… China se opondrá enérgicamente, quizás tome acciones militares y es una potencia mundial”, “Pero, Señor Presidente, ¿no deberíamos permitir el libre mercado entre dos naciones que se verán beneficiadas por esta relación y que sea el mercado el que regule los términos del proceso?, ¿no llegarán en poco tiempo a un equilibrio comercial y por tanto diplomático entre los tres países de forma pacífica”, “Sí, pero…”, “¿No es esa la moralina que van repartiendo en panfletos por el mundo?”, “Verá, Señ…”, “¿Acaso el mercado libre no es la fórmula mágica que todo lo resuelve y por la que nunca en la Historia hubo que entrar en guerra, Señor Presidente?”, “…”, “¿Señor Presidente?”, “Tu-tu-tú, tu-tu-tú, tu-tu-tú”.
El Señor Presidente tenía razón en algo (el de los EEUU, digo), China no se quedaría de brazos cruzados. Tras presionar todo lo que pudo para evitar la construcción del oleoducto y la incipiente relación comercial entre Rusia y Kirguistán, solamente quedaba una salida: la militar. Dicho y hecho, el ejército de la República Popular de China se movilizó con miles de soldados hasta los límites con Kirguistán y Kazajistán. Llevaban helicópteros de transporte, carros de combate y botellas de camping-gas.
No avanzaron más allá de la línea imaginaria que marcan las fronteras. Se quedaron allí, amenazantes. Habían ido a casa del vecino a enseñarles el escroto por la ventana.


P.D: A ver, antes de que digáis nada, sabed que la historia es de zombies, pero dadme tiempo.

¿Por qué el último disco de TODOS los artistas españoles es siempre "el más personal"?

martes, 23 de noviembre de 2010

Equipazos

A eso es lo que yo llamo potencial de mercado, poder logístico suficiente como para reforzar tu plantilla sin la necesidad de invertir demasiado capital. Tienen capacidad de convicción, atraen a los jugadores a sus plantillas a base de falacias convertidas en verdades universales, de discursos vacuos disfrazados de libertad o de igualdad. Promesas adornadas de comunión y progreso. Y consiguen lo que quieren, un grupo de componentes ensamblados, unidos por una misma idea, que se mueven por el campo desatando a la perfección sus funciones y convirtiendo a las instituciones resaltadas en máquinas invencibles, en conjuntos invictos.

Así van moviéndose los dos grandes partidos políticos, atrayendo con sus posibilidades y su omnipresencia a todo jugador válido (a todo jugador) para poseer un proyecto indestructible de cantera. Sin contratos, pero con palabras.

Y bueno, uno puede darse cuenta con facilidad y casi admirar como funciona el engranaje de esas potentes plantillas. Puedes acercarte a un corrillo universitario que hable en la cafetería de la Facultad, a la mesa de algún pub irlandés o puedes ir dando saltos entre blogs buscando el juego de estos deportistas de las palabras.

Pero normalmente juegan a escondidas. Te dicen (si les preguntas): “No, yo no soy un borrego. Yo tengo capacidad de crítica. Yo sé diferencias lo positivo y lo negativo de cada partido. Yo no soy pepero. Yo no soy socialista español. Yo soy liberal. Yo soy de izquierdas. Yo no tengo claro a quién votar pero sí a quién no votar. Yo. Yo. Yo. Yo. Yo.”

Todo eso para luego competir tan descaradamente que es inevitable que uno no pueda darse cuenta de en qué equipo están jugando, de en qué liga se encuentran. Luego los escuchas, los ves jugar y te encuentras con un engranaje perfecto, con la maquinaria que trabaja a destajo día a día bajo el sol de las mismas ideas. La línea no falla, el antitaurino es de izquierdas, el pro taurino de derechas. El propalestino de izquierdas, el proisraelita de derechas. El prosaharaui de derechas, el que defienda a Marruecos de izquierda. Se autodenominan equidistantes y el de izquierdas sólo habla de Irak, de Camps o de Fabra. El de derechas sólo de Gal, Guadalajara y la crisis. Trabajan a destajo hablándote de todo lo que les inculcó su entrenador, te intentan convencer aportándote datos, fechas y épocas donde la corrupción, la guerra o la mentira de su rival se convirtieron en hechos. Y te dicen de nuevo que son equidistantes. Pero te comparan. El cien por cien de las veces comparan y decantan la balanza hacia su lado. Con datos en las cafeterías, con gráficos en lo blogs. De la forma que sea.

Y después acusan a la masa de inculta y de no informarse, de no jugar en primera división con ellos, sin darse cuenta de que no son más que esclavos de unos chupópteros que les hablaron de equipo, de capacidad, de cultura, de crítica. Pero que nunca mencionaron que no eran más que soldados inertes de un ejército de tiniebla de política y de bipartidismo férreo. Sin darse cuenta de que la observación, la opinión propia y la verdadera libertad erradicaría el totalitarismo de esos dos grandes equipos, convirtiendo nuestra Liga en algo más justa de lo que es ahora.

sábado, 23 de octubre de 2010

Sirva como anexo a la entrada anterior

Tonterías que han salido a partir de una foto poco favorecedora...

























P.D: No pongo ninguna imagen, que ya tenemos bastante con lo que tenemos...

"A ver si hacen un Mundial en Uganda que no caigo en el nombre de su capital"

miércoles, 20 de octubre de 2010

Y Curro en Francia... o "La actualidad de la política española"

Hoy, en un alarde de capacidad e ingenio, pienso fusionar politiqueo, humor gráfico, revista de prensa y minimalismo.

A tenor de los recientes cambios realizados en el Gobierno, yo, como persona en general y como estudiante de medicina en particular, quiero brindar una cálida (tórrida, incluso) bienvenida a la nueva Ministra de Sanidad ("mi" ministra). ¡Bienvenida, Leire Pajín*!


PD: Efectivamente, es una PowerBalance.


* De lo que se deduce que en España ahora mismo tenemos a la Ministra Pajín**.

** Lo siento mucho, no pude evitarlo.

martes, 20 de abril de 2010

A lo mejor me he perdido algo

Quizás soy yo el ignorante, pero algo no me cuadra. Vaya por delante que soy totalmente ajeno a los entresijos que puede conllevar un delito, un juicio o una condena. Pero, repito, algo no me cuadra (a pesar de que siempre ha pasado y siempre pasará).
Si no me equivoco, la finalidad de las condenas en nuestro país es la protección de los miembros de la sociedad, la disuasión a los posibles delincuentes y la reinserción del condenado.
Y sin embargo, un hombre se enriquece siendo un corrupto y, cuando lo condenan por corrupción, sale libre bajo fianza. Una fianza que seguramente ha ganado con sus corruptelas.
El resultado es un ladrón que se queda en la calle por darle a la policía una pequeña parte de lo que ha robado, una palmadita en la espalda de quienes tuvieran pensado delinquir y un mozo que habiendo obrado mal no tiene ningún motivo convincente para no volver a hacerlo.
La justicia es ciega, y a veces parece gilipollas.

P.D: Muy cortito, para variar.

"Ay, si es que no nos queda ni el voto útil"

miércoles, 24 de marzo de 2010

Fruitopía

Afortunadamente, todo cambió. En el PSOE se dieron cuenta por fin de que, aún a dos años de las elecciones generales, ya las habían perdido. Irremediablemente Rajoy sería el siguiente presidente del gobierno. Zapatero lo había hecho tan mal, tan rematada y podidamente mal, había mentido tanto y la había cagado tanto, que pensaron que sólo había podido hacerlo a posta y lo largaron creyendo que en realidad era un topo de Esperanza Aguirre. Encima, a los pocos meses se demostró que era verdad, y en el PP la echaron del partido, así que ella decidió formar el suyo propio de súper derechas, y por fin los curas, las monjitas de clausura y los nostálgicos tuvieron un partido propio al que regalar su voto.

Como decía, conscientes en el PSOE que de seguir así se iban a comer un mojón, decidieron presentar una opción viable. Se arriesgaron, se la jugaron, y trajeron como candidato a un político de verdad, de los de altura. A las elecciones del 2012 se presentó por el PSOE ni más ni menos que Joaquín Almunia.

En el PP se cagaron por las patitas para abajo, y ellos también se dieron cuenta de que evidentemente el pánfilo alfeñique de Rajoy no podía ganar, bajo ningún concepto, a un político de verdad. Así que se dijeron “de perdidos al río chumachos, hay que coger la sartén por el mango y el que no arriesga no gana, ¡yupi yie yie!” Y lograron presentar como candidato a Gregorio Peces-Barba.

El ganador se dedicó a hacer de España una democracia de verdad, cambió la ley electoral e hizo que todos los votos valieran lo mismo, consiguió que todos los españoles tuviésemos los mismos derechos y deberes independientemente del lugar donde viviéramos. Los ricos pagaban muchísimos más impuestos que los pobres, y empezaron a construirse hospitales, nuevas carreteras, puertos y vías de tren a punta pala. Consiguieron acabar con ETA por la vía legal, encerrando de por vida a los asesinos y admitiendo en la vía política a los separatistas que no tenían delitos de sangre. Incluso se hicieron elecciones independentistas años después en el País Vasco y Cataluña, que perdieron estrepitosamente. Además éramos un país respetado en el ámbito internacional, y gracias a nuestra mediación se consiguió el nacimiento del Estado Palestino y la independencia del Sáhara Occidental. Y el Rey Don Felipe, viendo que esto se había convertido en un país de verdad del que uno ya no sentía vergüenza y que por fin podía gobernarse sólo, abdicó y nació la República. Aunque le costó un disgusto en casa, porque su hija se ciscó en sus muertos.

Pero de repente las cosas empezaron a volverse extrañas… Yo aparecía en Oslo recibiendo el Nóbel de literatura, charlando con el ganador del de medicina (que había descubierto una pastilla para que a las mujeres no les doliera la cabeza), y encendía la televisión y aparecía la vicepresidenta Fernández de la Vega, y estaba mortal de buenísima. Y todos los condones me estaban pequeños, y un meteorito caía justo en la Facultad de Medicina de Cádiz, y un volcán entraba en erupción justo cuando todos los políticos de San Fernando lo estaban visitando, y aparecía un nuevo virus que mataba sólo a catedráticos, y Vito Corleone venía a pedirme un favor, y mi novia gastaba la 215 de sujetador… Y yo me agitaba, y me agitaba…

Y al final me desperté. Y me di cuenta de que sólo había sido un sueño. Y que probablemente el próximo candidato del PSOE sería uno de aquél grupúsculo, como Pepino Blanco, de la Vega (que ya no estaba tan buena), o alguno de esos. Y que el siguiente presidente del gobierno sería Rajoy irremediablemente… Y que yo había cenado demasiado y me había entrado una indigestión de fresas con nata.

Así que opté por cubrirme con la manta y esperar a que todo pasase. Pero eso nunca ocurrió, porque para algo estamos en España.


lunes, 22 de marzo de 2010

Esto lo arreglas tú con los huevos

O sea, que ahora resulta que no lo tiene que arreglar el que vendía los ladrillos al precio que le daba la gana. Resulta que no, que no lo tiene que arreglar el que prefirió subirse el sueldo y no pagar I+D. Vaya, que no, resulta que no lo tiene que arreglar el que marbellizó cada metro cuadrado que tuvo a su alcance. Y no, en suma resulta que no lo tiene que arreglar el responsable sino el que las ve venir.
Todo un país haciendo el sudoku difícil del ADN en la cola del paro no se había dado cuenta de que, joder, esto lo arreglamos entre todos. Las empresas cerrando cuando entre todos lo podemos arreglar. Y, ojo, que no digo que la situación actual sea un desastre irreversible. Solamente tenemos que inventar una máquina del tiempo y darle una colleja al lumbrera que tuvo la genial de idea de hacer una economía, unos puestos de trabajo y unos presupuestos estatales con fecha de caducidad.
Lo más doloroso es que vengan los estómagos complacidos y aburguesados a decirnos cómo debemos sentirnos y qué debemos pensar. Se atreven a salir de sus áticos para decirnos que nos tranquilicemos, que agachemos la cabeza y que curremos calladitos. Estamos muy monos calladitos.
No dejo de pensar que entre unos y otros han conseguido convertir nuestra vida en un pueril espectáculo de marionetas. "El Rey y la Bruja", si queréis. Nosotros somos un pequeño Rey cándido enfrente de un malvado público de niños (cabrones). Nosotros le preguntamos "¿Dónde está la bruja?" y cada espectador señala con malicia a un sitio distinto (¡serán cabrones!). "¡Allíiiiii!", "¡No, para el otro ladooooo!", "¡Detráaaaas!" (ya hay que ser cabrón)... y mientras la Bruja disfruta del espectáculo en primera fila.
Hijos de puta todos (sin paréntesis).

P.D: No es un pataleo muy logrado, pero esto es Patonosequé, así que valdrá.

"Tiembla si le ves ambas manos al mago, porque el truco lo estará haciendo igualmente"


sábado, 20 de marzo de 2010

El señor que se planteó su voto

Muy pronto habría elecciones. Él era un tipo sensible a la realidad, concienciado de los problemas del mundo, atento a la actualidad, responsable y, sobre todo, comprometido con la sociedad. O al menos eso creía él que quería ser. Sin embargo, aún no tenía decidido su voto.

Esa mañana había en su ciudad una conferencia de un partido político. Quería enterarse de lo que proponían. Quién sabe, quizá lo convencieran y decidiera votarles a ellos. Así que asistió. Al llegar, se alegró bastante de haber acudido. Aquello estaba a reventar, lleno de gente, todo decorado con pancartas, posters gigantes, guirnaldas de muchos colorines, banderitas y música. Parecía una fiesta. Había niños, adolescentes, matrimonios, viejos… Todos sonriendo, charlando animadamente, felices. De repente, salió la junta directiva del partido al estrado y todos aplaudieron. Uno de esos cuya cara aparecía en varios de los posters fue a buscar al líder del partido. Entonces trajo un cerdo en brazos y lo colocó en el atril. En ese momento, la multitud explotó en júbilo, y empezó a aclamarle enardecida. Cada vez que se hacía el silencio, el cerdo gruñía aguda y fuertemente. Entonces la gente volvía a aplaudir y jalear, a gritar, agitando las banderitas y los adornos que tenían. De vez en cuando saltaba la música, todos decían las mismas consignas a la vez, el cerdo gruñía en respuesta, y la cosa se acercaba peligrosamente al éxtasis orgásmico. Algunos incluso lloraban. Cuando terminó, sus acompañantes tomaron la palabra explayándose en los gruñidos del cerdo. Al final, varias madres acercaron a sus bebés, y el cerdo repartía lametones a diestra y siniestra: niños, mujeres, viejas…

Desde luego, él no había entendido absolutamente nada de lo que había pasado allí. Simplemente se dejó llevar y trató de no desentonar mucho con las miles de personas que lo acompañaban. Casualmente, por la tarde había otra conferencia, esta vez del partido rival. Pensó que sería buena idea acudir, así que fue a ver que se encontraba. Quién sabe, suspiró esta vez, quizá incluso lo convencieran, y decidiera votarles a ellos. Además, después del numerito del cerdo, tenía bastante curiosidad por ver con qué se encontraba…

El ambiente previo era más o menos el mismo, apenas cambiaba la música y los colores de los adornos y las banderitas. Por lo demás, todo igual. Había más o menos la misma gente –aunque vestidos de forma diferente- y el mismo ambiente festivo. Así volvieron a salir varias personas cuyas caras estaban impresas en esos nuevos posters. Entonces hicieron un pasillo para franquear al dirigente de aquel partido, y el público empezó a gritar y aplaudir para que saliera. De repente, surgió una foca que atravesó aquel pasillo humano y se dirigió ella solita al atril. Empezó a hacer ruiditos, a levantarse sobre su cola y palmear con las aletas delanteras. Aquello fue como una especie de apocalipsis de la felicidad. La gente comenzó a bramar, a desgañitar sus gargantas hasta sangrar, a aplaudir furiosamente, a gritar en corro las mismas palabras, a salirse los ojos de las órbitas. Se formó un espectáculo que ni el cerdo en sus mejores momentos. Cuando la foca hubo terminado, un hombre de los que la había custodiado tomó la palabra. Empezó a gritar indignado en contra del cerdo, a lo que la gente respondió efusivamente, y a decir que el cerdo había dicho esa misma mañana esto y lo otro. Esta vez hubo una explosión concentrada de odio, tanto que nuestro visitante incluso temió por la integridad física de aquel tipo. Afortunadamente, la gente se contuvo y los cimientos de aquel edificio aguantaron. Súbitamente saltó la música, surgieron más gritos, sin precisar muy bien si de amor o de odio, y cayó confeti del techo. Cuando todo terminó, un aluvión de madres, bebes y viejas –sospechosamente parecidos a los de aquella mañana- se abalanzó sobre el estrado para ser besados por la foca.

Cuando por fin todo acabó, se marchó de allí. Era bastante curioso, pero no recordaba que aquella mañana el cerdo hubiese dicho ni una sola de las palabras que le atribuyó aquel hombre. Por la noche, mientras cenaba, encendió el televisor. En una tertulia se informó que las cifras de participación vaticinadas para aquellas elecciones superarían todos los registros, y se esperaba una reñidísima batalla de masas entre ambos partidos. Entonces uno de aquellos que habían hablado por la mañana junto al cerdo empezó a decir que la foca había proclamado tal y cual barbaridad, y sus contertulios lo apoyaban indignados. Paradójicamente, tampoco recordaba que la foca hubiese dicho ni una de aquellas palabras.

Apagó el televisor y se sentó a reflexionar profundamente sobre a cuál de los dos votaría. Quería involucrarse: verter un voto reflexionado, responsable y consecuente. Analizó muy bien los discursos, sus ideologías, los problemas existentes, las soluciones propuestas y los pros y contras de cada opción...

Ahora que lo pensaba, ni siquiera recordaba que la foca o el cerdo hubiesen dicho apenas una sola palabra.

jueves, 18 de marzo de 2010

¿El Padre de los españoles?

Ahora resulta que nos hace falta un protector, una figura paterna que nos cuide y nos acerque a la consecución de algún tipo de estado del que carecemos. Por lo que dicen, justicia es eso de lo que adolecemos, y claro, como no sabemos ni definir el concepto es necesario que aparezca aquella persona que haya estado embarrada de mierda hasta las cejas y que ahora, por arte del sufrimiento, ha obtenido la patente para darnos clases a los demás de lo que es y no es.

Ciertamente no creo que haga falta la aclaración, pero como predominan los malentendedores y los tergiversadores, voy a hacer un esfuerzo (esfuerzo porque siempre me ha molestado tener que andar con las precauciones antes de lanzar el dardo ) por no sacar de quicio al que pueda sentirse indirectactamente afectado por esta opinión. A mí Juan José Cortés (para el que no lo sepa, padre de la difunta Mari Luz) me crea el mayor de los respetos, o al menos, el respeto más neutro, el que siento por cualquiera al que no tenga el placer de conocer. Sin duda alguna, él sabrá más que yo sobre el dolor y el padecimiento, sobre el rencor y la venganza, y sobre el perdón y la tenacidad. Pero eso sí, no tengo ninguna duda de que ello no es óbice para que pueda considerarse a éste como precursor de un nuevo movimiento, un movimiento cimentado en la desesperación y en el interés. Mala combinación.

Un movimiento con tintes eminentemente políticos, y que ahora disfrazan a su antojo en libertad del pueblo, o libertad de las víctimas. Ahora hablan, y se manifiestan en el borreguismo, comentando allí por donde van que qué justicia es esta y que dónde se encuentran esos valores que harán a este pueblo más “justo”. Ahora crece y resulta que ya no nos vale, que ni siquiera queremos saber de qué nos quejamos. Ahora nos basta con argüir a tiempo indefinido que no nos importa qué es jurisprudencia, qué es costumbre, qué es derecho. Sólo interesa un concepto, que a su vez no podemos definir con concreción. Pero, qué más da la concreción cuando se trata de “justicia”. Justicia a favor del ciudadano de a pie, justicia a favor del bueno y del sabio. Justicia en contra del asesino y del ladrón, del político y del indecente. Cómo si todo pudiese reducirse a eso, cómo si otras mentes no lo hubiesen pensado, cómo si otras mentes no hubiesen recorrido ese camino antes de llegar a su destino.

Pues sí, comentan que es mucho más sencillo de lo que parece. Que para alcanzar eso que Platón quería resumir como armonía social basta con dos o tres reformas. Andan estas cabezas pensantes aludiendo al endurecimiento, como si fuese una nueva idea, y no recuerdan que penas más graves ni sirvieron ni sirven para paliar los actos malos. Y no entienden que lo que ellos buscan no es justicia, es venganza, que lo que ellos buscan tampoco es justicia, es precaución. No entienden, por lo tanto, que la venganza y la precaución no son justicia, ni siquiera son válidas para su consecución. Y parece que tampoco son capaces de descubrir que englobando en un todo aquello que buscan, no están consiguiendo ni acercarse a la más lejana de las distancias.

Por eso Juan José Cortés se ha convertido en un instrumento, por lo de siempre. Un instrumento, que sin necesidad de saber si es mediato o no, cava la tumba de eso que en este caso podríamos llamar “sus ilusiones”. Un método que legítimo es, pero también erróneo. El método fundamentado en su verdad universal y escudado en la ciencia de la política, el que parece indestructible cuando recibe balazos de opinión. Aquél que parece indiscutible por estar basado en la experiencia, en la experiencia de la muerte.

lunes, 1 de marzo de 2010

Carta abierta a aquellos estudiantes de la Universidad de Oviedo

Mucho se ha hablado últimamente de los sucesos acontecidos hace una semana en la Universidad de Oviedo, a saber: José María Aznar acude a dar una conferencia, un grupo de estudiantes le interrumpe constantemente para insultarle y éste les contesta haciéndoles una peineta. En lo que respecta al expresidente del gobierno y su inoportuno y lamentable gesto ya está todo dicho. Así que a mí me gustaría tener unas palabras para ese grupo de universitarios: Sois imbéciles. Todos. Sois la expresión más lamentable de la educación y la universidad española, ejemplo claro de la epidemia de subnormalidad nacional que nos asola desde hace siglos. Con vuestra actitud y la demostración de la basicidad de vuestros actos aquel día no dejasteis claro más que una cosa: no sois más que mierda producto de la mierda que os ha engendrado. La vergüenza del resto de españoles con educación, oficial o no, universitarios o no, que aspiramos a pensar por nosotros mismos y cambiar algo.

La Universidad -incluso la de Cádiz- debe aspirar a ser el templo absoluto de la cultura y el conocimiento. De la rectitud, la libertad y las luces. Y vosotros lo profanasteis, demostrando lo poco que merecéis estar ahí. Allí, ese día había prensa, cámaras, fotógrafos y muchísima gente. Era una oportunidad dorada de masacrar a todo un expresidente del Gobierno a preguntas que sólo pudieran haberlo dejado en ridículo y evidencia delante de toda España. Con palabras, con razonamientos, con inteligencia. Con la Verdad. Erais universitarios en una Universidad –encima prestigiosa- enfrentados a alguien que había accedido a dar una conferencia, es decir, a arriesgarse a enfrentarse cara a cara con vosotros. Y lo desperdiciasteis de la más mezquina de las maneras: interrumpiendo sólo para insultar sin esperar respuesta y hacer ruido.

A ese hombre había que acribillarlo de verdad y dejarlo medio muerto, que vuestras mentes hubieran sido las metralletas y vuestras preguntas las balas directas al corazón. Disparando una detrás de otra dejando que se defendiera como pudiera o desease la muerte. En vez de gritar a coro “cabrón” podríais haber preguntado, por ejemplo: ¿Dónde estaban las armas de destrucción masiva? ¿Ha pedido usted perdón a las miles de familias de víctimas civiles perecidas en la guerra de Irak? ¿No se siente un traidor a la democracia habiendo actuando en contra de la voluntad del pueblo que le ha votado? ¿Qué piensa su mujer de no poder darle un bocadito cada noche en la tabletita de chocolate porque es pecado? ¿Esa regresión a la adolescencia que destila es producto de su arrepentimiento por la guerra de Irak, o por qué? ¿Está orgulloso de que su mayor aliado haya sido el presidente más tonto y odiado de la Historia de Estados Unidos? O ya después del corte de mangas: ¿No le parece inadecuado esgrimir un gesto que significa “este dedo os lo metéis por el culo” cuando usted se ha manifestado repetidamente en contra de los derechos de los homosexuales?

No sois mejores que esos pre-fascistas de argumentos prefabricados que se echan a la calle convocados para manifestarse en contra de los derechos de los demás. Vosotros acudisteis a una conferencia dispuestos a no escuchar de antemano, a balar vuestros insultos preparados, tristes borregos, agitados y enardecidos por otros a los que habéis concedido el privilegio de pensar en vuestro lugar. No obstante, y puede ser el caso, desde luego hay personas que merecen ser insultadas. Por pura definición. Los exabruptos son palabras rotundas y bellísimas, y de vez en cuando hay que honrar al diccionario utilizándolas. Pero no como un cobarde. No se lanza un insulto escondiéndose entre la multitud y ocultando la cara tras los gritos de los otros. Cuando se lo merece por derecho propio, uno mira directamente a los ojos, y dice claramente a la cara “Hijo de puta”, o lo que venga al caso. De forma presentable: con derecho a réplica y reconocible. Con todas sus consecuencias. Como un hombre. No como una rata.


miércoles, 10 de febrero de 2010

Cánceres y metástasis

Dentro del gran cáncer que corrompe la Democracia española, hay a mi juicio un enorme y principal foco metastático que, como es su condición, o muere o acabará matando: el PP. Siempre me he referido a él como la gran casa de putas de la derecha hispánica, que pretende actuar como el gran saco en el que caigan todos los votos vertidos a la diestra del PSOE. No es, sería estúpido pensarlo, la fuente de todos los males ni su fin el único remedio, pero es un factor importante.
Esta enfermedad que constituye el PP algo que solo se curará cuando ese grupo se divida en al menos dos partidos distintos: uno que represente a la derecha moderada y socialdemócrata y otro que abarque conservadores y liberales. Mientras tanto, lo más que podrá decirse es que el PP solo tiene un objetivo ideológico definido: mandar. Ganar elecciones. El poder por el poder. ¿Cómo se explica un partido político moderno y democrático con cuatro líneas ideológicas distintas? ¿Cómo es posible que para un mismo partido pidan votos gente tan dispar como Gallardón, perteneciente a la derecha más moderada y socialdemócrata; Aguirre, feroz liberal; o Mayor Oreja, demócrata-cristiano y conservador? Se junta gente que no tiene nada que ver simplemente para sumar los votos necesarios y repartirse la tarta después.
Así surge un engendro como el que tenemos hoy en día, un partido viejo, anquilosado, podrido, oxidado. Un partido que es una masa incontrolable, totalmente invadido por la corrupción, en el que cada cual asoma el ascua a su sardina particular y sigue en realidad sus propios intereses. Un partido consumido por sus divergentes luchas intestinas que sin duda acabarán perforándole las tripas hasta hacerlo morir de sepsis.
Evidentemente, todo esto tiene su repercusión orgánica, y es la otra gran metástasis que surgió como respuesta: el nuevo PSOE. Aunque sí posee una línea ideológica fundacional, ahora mismo no es más que una mera anécdota en un gran cuerpo que se constituye para fagocitar a todo el que pueda quedar descolgado del partido anterior, para lo que se ve obligado a caer en constante demagogia y a cruzar de largo la línea que marca el comienzo del ridículo. Su arma electoral no es más que “¡Qué no ganen los otros, que son la terrible derecha!”.
Además, como inmenso cuerpo del que se nutren ambas metástasis, está esa gran tropa de ratas oportunistas, lameculos profesionales, analistas de pago y medios de desinformación propagandística que nunca han dudado en cambiarse de barco y bandera en cuanto en el que estaban hacía un poco de agua o, falta de ojetes que succionar, se les acababa el chollo.
Y así estamos hoy en día, con dos viejas máquinas impotentes construidas con el único fin de ganar elecciones a cualquier precio y cuya estrategia electoral más eficaz es dejar que los otros se peguen una inmensa hostia ellos solitos.


domingo, 17 de enero de 2010

Los ricos lo llaman pillaje

Dicen lo entendidos que el seísmo que asoló Haití hace cuatro días ha sido el más destructivo de la Historia, o al menos, de la Historia reciente. Muchos expertos dudan incluso de si, a partir de ahora, Puerto Príncipe sigue, técnicamente, existiendo, o simplemente ha pasado a ser una ex-ciudad destruida en el 2010 por un terremoto. El número de muertos es incalculable. Por lo visto puede ascender a 200.000 o incluso más (como a veces es difícil entenderse con números grandes, diremos que Puerto Príncipe tenía una población de dos millones de personas, así que ha muerto, como mínimo, el diez por ciento de la ciudad, uno de cada diez). Sin embargo, el número de muertos es, ciertamente, infinito.

Infinito, porque no se puede contar. No se puede contar porque Haití es un país pobre. Más que pobre, pobrísimo, paupérrimo, moribundo. Es el país más pobre de todo el continente americano (y hay treinta y cinco países en América). No se puede contar porque Haití es un país anarquista por necesidad, anarquista por obligación de sus dirigentes, en el que los gobernantes corruptos desde hace cuarenta años se quedan hasta la ayuda humanitaria que le envían los países desarrollados y las ONG, y el pueblo carece de cualquier infraestructura. No se pueden contar porque en Haití no hay un gobierno ni ente superior que lo haga. Hay, a lo sumo, un grupo de ricos que vivían en casas de verdad (que afortunadamente también se vinieron abajo, aunque no todos han muerto, empezando por el presidente de la República) que nunca compraron nada ni invirtieron en cosa alguna que ahora les sirva de algo. Muchos de esos cadáveres jamás serán encontrados, y otros se están empezando a quemar o a enterrar en macro fosas comunes improvisadas ya por parte de la población para evitar que transmitan enfermedades, a sabiendas de que después jamás podrán ser enterrados dignamente ni identificados. Sabia, aunque dura decisión, la que ha tomado un pueblo huérfano de todo que la ONU desaconseja porque les va a molestar bastante a la hora de hacer sus estadísticas.

Allí se ha venido todo abajo. Favelas, iglesias, palacios, hospitales, hoteles de lujo. Todo. El día once de enero había en Puerto Príncipe ciento cincuenta médicos. Han sobrevivido veinte. Nunca hubo un cuerpo real de bomberos, ni servicio de rescate. Y están así desde el día doce. No hay, además de ayuda técnica o sanidad, comida ni agua, ni ningún sitio donde comprarla. El dinero en Haití ya no sirve de nada, se truecan cosas con comida o gasolina. Pero aún quedan cosas entre los escombros. Tiendas que no llegaron a afectarse del todo o ruinas que guardan comida bajo las piedras. Además de algunos camiones y personas que circulan dando pequeñas cajas o raciones en algunos barrios. Desde ayer, esa gente desesperada empezó a asaltar esos pocos comercios supervivientes, a escarbar entre las piedras buscando algo que llevarse a la boca, a tirarse encima de los camiones en marcha buscando una caja.

Eso es lo que está pasando allí. Yo lo vi ayer por la tarde, mientras un grupo de tertulianos profesionales que lo mismo analizan un terremoto que un juicio, pasando por las tetas de cualquiera, hablaban de pillaje. De bandidos, de robos y piratería. Y así lo calificaban también en periódicos y telediarios. Pillaje. ¿Y no será, digo yo, que se está confundiendo el pillaje con instinto de supervivencia? Están acusando de buscar comida desesperadamente entre las ruinas a un pueblo que sabe que a pocos kilómetros se acumula, vigilada por el ejército norteamericano, toneladas de comida que no están siendo distribuidas. No se distribuye porque no se puede, porque su puto gobierno corrupto no tenía ni siquiera camiones preparados para eso, y los que quedaban se han destruido. Pero no se distribuyen, y son muchas toneladas de comida acumulándose mientras los desheredados de absolutamente todo se mueren de hambre. Se mueren. Así que han decidido guardar las procelosas formas diplomáticas que tanto nos gustan a nosotros para otra ocasión, y han decidido sacar comida de donde exista. Para comer, para darle alimento a sus hijos o familiares moribundos. Mientras, los ricos lo llamamos pillaje, viendo por la televisión, en nuestros sofás, barrigas llenas y calefacción encendida, tachándolos de delincuentes. Así funciona este mundo asqueroso en el que si la mierda valiera algo, los pobres nacerían sin culo.