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lunes, 29 de abril de 2013

El Diluvio de Deucalión y otros plagios

Últimamente me ha dado por la Historia y mitología griega. No sé si por puro pedanterío o porque supongo que porque ya no hay mitos como los de antes. El caso es que leyendo "Los mitos griegos", de Robert Graves, me he topado con éste que por lo curioso del asunto me ha parecido interesante compartir. Allá va.

El diluvio de Deucalión fue causado por la ira de Zeus contra los impíos hijos de Licaón, antiguo rey de Arcadia, y los habitantes de Licosura, famosos por su maldad, su insolencia y su impiedad. Las noticias de sus crímenes llegaron al Olimpo y el propio Zeus los visitó, disfrazado de viajero pobre, para alojarse en su palacio y conocer su hospitalidad. Ciertos augurios hicieron sospechar a los licaonidas de la divinidad de huesped, así que decidieron ponerlo a prueba.  Tuvieron la desverguenza de ofrecerle sopa de menudos, asesinando antes a su hermano menor Níctimo para mezclar sus vísceras con los menudos de oveja y cabra. Zeus no se dejó engañar, y apartando la mesa de un golpe, los convirtió a todos en lobos, excepto a Níctimo, a quien devolvió la vida.
A su regreso al Olimpo, Zeus, asqueado, soltó un gran diluvio sobre la tierra, con la intención de acabar con toda la raza humana y dar por finalizada la Edad de Bronce del hombre; pero Deucalión, rey de Ptía, advertido por su padre, el titán Prometeo, construyó un arca, la avitualló, y disponiendo en ella de todo lo necesario, subió a bordo junto a su mujer, Pirra. Entonces sopló el Viento del Sur, cayó la lluvia, y los ríos corrieron con estruendo hacia el mar que creció a una velocidad asombrosa y se llevó todas las ciudades de las costas, de las riberas y de los llanos, hasta que por fin el mundo entero quedó sumergido, con excepción de unas cuantas cimas de montañas, y parecía que todas las criaturas mortales hubieran perecido salvo Deucalión y Pirra. El arca estuvo flotando durante unos nueve días, hasta que por fin las aguas se calmaron, y se detuvo en el monte Párnaso.
Al desembarcar, ofrecieron un sacrificio al padre Zeus, y bajaron a rezar al altar de Temis, junto al río Cefiso. Suplicaron humildemente que se renovara la humanidad, y Zeus, que oía sus voces en la distancia, conmovido por su bondad y generosidad envió a Hermes a asegurarles que cualquier petición que hicieran se les otorgaría sin tardanza. Tras esto, para responder a sus plegarias, Temis se les apareció en persona, diciendo:
- ¡Cubrid vuestras cabezas y arrojad hacia atrás los huesos de vuestra madre!
Puesto que Deucalión y Pirra tenían distintas madres, ambas muertas ya, decidieron que la titánide se estaba refiriendo a la Madre Tierra, cuyos huesos eran las rocas que yacían en la orilla del río. Así pues, agachándose con las cabezas cubiertas, recogieron las rocas y las tiraron por encima del hombro. Estas se convirtieron en hombres o en mujeres, según si estas las hubieran recogido Deucalión o Pirra.
Sin embargo, Deucalión y Pirra resultaron no ser los únicos supervivientes del Diluvio, pues Megaro, un hijo de Zeus, se había levantado de su lecho al oír unas grullas que le ordenaban subir a la cima del monte Gerania, lugar que se salvó de las aguas. Del mismo modo, los habitantes de Parnaso se despertaron al oír los aullidos de unos lobos y los siguieron hasta la cumbre de una montaña. A la nueva ciudad le pusieron por nombre Licorea, en recuerdo de los lobos. Así pues, el Diluvio no sirvió de mucho, pues algunos de los parnasianos emigraron con el tiempo a Arcadia, y revivieron las abominaciones de Licaón.
Este Deucalión se convirtió así en padre de Oresteo, rey de los locrios de Ozolia (...). Otro de sus hijos fue Anfictión, que hospedó a Dionisio y fue el primero en mezclar el vino con agua. Pero su hijo mayor y el más famoso fue Hélen, padre de todos los griegos.

domingo, 2 de mayo de 2010

Imperivm

Cuando se estudia en los libros de historia la caída de vastos imperios uno a veces se pregunta cómo fue posible, cómo pudo caer un próspero imperio que parecía invencible, cómo pudo corromperse una máquina perfecta y aparentemente indestructible hasta el punto de derrumbarse con un estruendo vergonzante. Sucede, al cabo, a pesar de tanta pregunta.
El Imperio Romano, dicen, cayó en parte por el continuo y angustioso acoso de los bárbaros. Dicen, que aquel imperio español en el que no se ponía el sol cayó por la incompetencia de unos monarcas de postal y por el costoso acomodo al que el oro indio les hizo acostumbrarse. El imperio de Napoleón cayó por el frío, dicen.
Pero el caso que nos ocupa es algo más humano. Más que la codicia y la incompetencia, más que el afán de gloria y poder, más que el egoísmo y la prepotencia. El glorioso imperio del que hablo cayó por algo tan genuino de nuestra especie como el hartazgo.
Cronológicamente, nos ubicamos pocos años antes de que en Belén naciera Jesusito (que nació pobre, pero gordito, con pelos y corona). Algo hacia el suroeste de allí, entre dunas y fértiles valles bañados por el río Nilo, los egipcios se afanaban por hacer pentaedros a los que ellos llamaban en su lengua nativa "pirámides". Y bien que les iba, a pesar del incipiente poder de un Imperio Romano que pretendía fagocitar todo el mundo conocido y hasta el mismo Olimpo si se dejaba. Más o menos, eran tiempos de bonanza y prosperidad.
Y en esas estaban cuando murió Cleopatra VII, la que a la postre fue la última faraona (antes de Dolores). Era costumbre muy extendida por allí lo de meter a los faraones en vendas, las vendas en tumbas y las tumbas en criptas gigantescas de base cuadrada y caras triangulares (¡equilateras!). Por ello, aquel ministro tan abnegado y experimentado en envolver monarcas (tenía un título oficial) pasó toda la mañana dándole vueltas a aquel grueso (grosísimo) rollo de apósito estéril, con la ayuda de uno de sus sirvientes.
Era una tarea de paciencia y tesón. Vueltas. Pasaron horas momificando hasta el último rincón del cuerpo de aquella mujer que otrora tuvo orden y mando sobre miles de personas y hoy se veía frágil e indefensa. Y más vueltas. Era su cometido que el vendaje quedara perfecto y prieto. Vueltas y más vueltas.
Pero, claro, estando ya harto y mareado de rotar sobre el cuerpo de Cleopatra VII aquel rollo, se dio cuenta de que ya no era tan grueso. De hecho ya apenas quedaban unos centímetros por desenrollar. Se sintió aliviado, por fin. Aliviado, hasta que terminó de deshacer el rulo de vendas. Vio, destino cruel, que la etiqueta quedaba por fuera y que había puesto todas las vendas del revés.
"¡Y una mierda!", exclamó furioso. "Anda, recoge que nos vamos", le dijo a su sirviente, "y di a todos que se acabó la broma de los faraones y las faraonas".


P.D: Y hacía mucho que no me salía un texto gilipollesco de estos.

"Los egipcios, Hitler, los musulmanes... si todos estaban de acuerdo es que hay algo malo en los judíos"

jueves, 19 de noviembre de 2009

La explosión latinoamericana

Como cualquier gran movimiento, como cualquier gran idea nació en la espontaneidad y nació en la gente. Sí, con un porqué, un porqué que significó y significará la historia de un continente y la literatura de una historia. A base de talento, ingenio y gusto, pero lo más importante, no a base de conciencia. La herencia de un continente abotargado por su pasado, el nacimiento de un rama de calidades nacidas para semiliberar a pueblos sometidos a regímenes autoritarios, asilados que conquistaron patrias con su literatura, y no con su ideología, con su literatura. Donde personas no llegaron, llegaron los libros. Porque ellos no eran filósofos, no eran pensadores ni políticos, eran escritores por afición (no por profesión), y por eso se movían en el terreno de las intuiciones y de la fantasía. Los sudamericanos necesitaban la democracia, pero no sólo mediante la retórica y la política, ansiaban los libros, el cine y la música. Y el boom alcanzó este fin de la mejor manera, dejando atrás la rectitud de la literatura de las tiranías, buscando la novedad y el humor. La adaptación al pueblo. Y ya lo dice Eduardo Mendoza, que no fue terreno exclusivamente latinoamericano, fue exactamente lo mismo que ocurrió en España allá por las décadas de los setenta y de los ochenta.

Sin embargo, aún no se tiene constancia de lo que significó esa conjunción de magníficos escritores bajo “una misma bandera” (aunque ésta sea simbólica), autores que simbolizan algo en conjunto desarrollando sus obras en tan diferentes sitios del mundo, auxiliando a la lucha sudamericana aun comprendiendo diferentes ideologías, consiguiendo seguir la pauta marcada por Jorge Luis Borges y por Juan Rolfo. El azar contribuyendo a reunir a tan grandes personalidades en tan hermosa causa, como en el Siglo de Oro español, como en la Rusia de Dostoievski y Tolstoi, o como en la Inglaterra de la generación del opio. Incluso puede que superando esos niveles. Las obras de García -Márquez, de Cortázar, de Vargas Llosa, de Asturias, de Onetti, de Fuentes, de Donoso o de Benedetti despertados por el brusco levantamiento popular, en un precioso proceso alejado de todo marketing, libros pasados de mano en mano, superando aquello de “que nadie es profeta en su tierra” y abarcando el contacto con todo el mundo. Allí se acabaron las diferencias, donde triunfó el castellano, donde triunfó la gente.

Donde triunfó todo lo demás, es decir, la literatura.

martes, 10 de noviembre de 2009

Quisieron la libertad

A veces conviene quedarse con los gestos antes que con los hechos. Aunque sea innegable que nos movemos buscando determinados fines, no es ilógico que termine siendo más importante el medio que la conclusión, la forma que el resultado. Hasta cuando el efecto se alcanza no podemos obviar el proceso, porque en las ideas está el trasfondo.

Y que no signifique ésto que niegue la importancia de la caída del muro en sí, de sus efectos prácticos (que de hecho marca nuestra contemporaneidad), de la desaparición del comunismo per se (a pesar de la pseudo-política china, y coreana, y cubana) y de la estructuración de nuestro sistema económico. Si será todo tan relativo que hasta un hecho que parece ser, en definitiva, beneficioso para la sociedad acarrea ahora unas consecuencias que un sector considera negativas, como la globalización, como la crisis económica, incluso como el liderazgo y la dependencia mundial de una sola magnitud. Aunque a aquellos que creen ésto, también habría que recordarles que, al fin y al cabo, fue también el fin de una guerra.

Pero el nueve de Noviembre no fue “simplemente” el día que cambió el mundo hasta alcanzar nuestra actual situación. Fue mucho más que eso. Fue unión. Fue, paradójicamente, paz. Fue progreso. Fue luz. Y fue, por encima de todo (y por eso hay que reiterarlo), UNIÓN.

Unión porque consiguió aunar varios frentes de forma casi esporádica y con la mayor de las ilusiones, no era la ilusión de tirar el muro lo que hacían que ellos se dirigiesen habilidosamente por las calles de Berlín al encuentro de aquel dique que separó a unos hermanos durante veintiocho años, les movía la libertad, la idea de libertad y el sentimiento de cohesión.
Paz. Y paradójicamente porque se consiguió identificar a un martillo, a una grúa, a un pico y a miles de personas enfervorizadas con la básica idea de destruir, derriba y reventar en uno de los actos más conciliadores de la historia.
Progreso, y cierto, verdadero progreso en conveniencia a la sociedad y a la paz. Donde se consiguió superar las ideologías y las diferencias, sólo en pro de la libertad. Un movimiento que necesitó un pistoletazo de salida, pero que se desarrolló con coordinación a pesar de las dificultades, y todo ello a ritmo de violín.
Luz porque alcanzó su objetivo, el del paso, el fin del oscurantismo, el sol para los alemanes del este, el sol para los alemanes del oeste. El mismo sol para todos los hermanos.
Unión y libertad. Libertad y unión. Todo la misma noche.

Aquel de nueve de Noviembre, a la voz de un “inmediatamente” se descorrió un tupido velo, un pesado telón. El telón de acero.

Y a la mañana siguiente...

Era una realidad. Eran las 6:45 de un frío 10 de noviembre. Los despertadores del mundo entero lo despertaron en un día decisivo en el que pudo comprobar que, efectivamente habían roto los graffitis.
Fue al baño y echó una de las meadas más conciliadoras de su vida (si acaso una meada puede tener esa cualidad).


La limpiadora no sabía cómo quitar el champán (aquel que compró un actor) de la cara moqueta que había en el ahuevado despacho del mozo de gasolinera conecticano.


Aquel paritorio (incluidas las paredes) tenía un ojo a la tele y otro ojo al potorro. Uno en el milagro de la albañilería y otro en el milagro de la vida. Hacía frío, como ya sabemos, pero era un gran día para aquella mujer y para el mundo entero.
El chaval no se lo tomaría tan bien en un futuro, pero la ocasión merecía que él tuviera tal nombre: Kohl Krenz


Los de un lado creían que era una mancha en su expediente. Los del otro lado creían que había actuado de forma impoluta. Los de más allá aun creían que había que hablarlo con limpieza. Él creía que podía ir con la frente bien alta.
La mayoría le veían una mancha en la frente.


Era un grito de libertad. Un grito que calló al silencio en cuanto cayó.


Nadie sabe qué untó a su tostada aquella mañana. Nadie se imagina cómo se afeitó ni de qué forma se había duchado. Lo que todos sabemos es que en su casa había una fresca corriente de aire.
Lo extraño es que esa misma corriente de aire, cinco años antes, habría impulsado a Klaus a escribir Rock you like a hurricane.


¿Y qué más da lo triste que salga un sol? Lo que verdaderamente importa es que bajo él y mientras exista, no hay paredes que puedan cercar las cumbres, no hay redes para atrapar al mar y no hay dos hijos de los mismos padres que no sean germanos.


P.D: Y tal.

"La única razón válida para saltar una valla es decirle al dueño de la misma que debería quitarla."

lunes, 9 de noviembre de 2009

El Telón de Acero hoy...





La caída del Muro

El Muro de Berlín cayó en la noche del jueves, 9 de noviembre de 1989, al viernes, 10 de noviembre de 1989, 28 años más tarde de su construcción. La apertura del muro, conocida en Alemania con el nombre de die Wende (el Cambio), fue consecuencia de las exigencias de libertad de circulación en la ex-RDA y las evasiones constantes hacia las embajadas de capitales de países del Pacto de Varsovia (especialmente Praga y Varsovia) y por la frontera entre Hungría y Austria, que impuso menos restricciones desde el 23 de agosto. En septiembre, más de 13.000 alemanes orientales emigraron hacia Hungría.

Hacia el final de 1989 comenzaron manifestaciones masivas en contra del gobierno de la Alemania Oriental. El líder de la RDA, Erich Honecker, renunció el 18 de octubre de 1989, siendo reemplazado por Egon Krenz pocos días más tarde.

Tras el 6 de noviembre se hizo público el proyecto de una nueva legislación para viajar, que recibió duras críticas, y el gobierno checoslovaco protestó por vías diplomáticas por el aumento de la emigración desde la RDA a través de Checoslovaquia. El SED decidió, el 7 de noviembre, regular los viajes al exterior, facilitándolos. El 9 de noviembre se promulgó un plan que permitía obtener pases para viajes de visita. Se elaboró un modelo en el Consejo de Ministros, que se decidió ese mismo día antes de las 18:00 y que debía ser publicado y difundido en forma de circular a las 4:00 siguiente por las agencias de noticias, aunque hubo una objeción al procedimiento por parte del Ministerio de Justicia. Paralelamente, el modelo del Ministerio fue estudiado a medianoche en el Comité Central (ZK) y se modificaría ligeramente.

El miembro del Politburó del SED Günter Schabowski anunció en una conferencia de prensa, retransmitida en directo por la televisión de Alemania Oriental, que todas las restricciones habían sido retiradas y decenas de miles de personas fueron inmediatamente al muro, donde los guardas fronterizos abrieron los puntos de acceso permitiendo el paso. Schabowski acabó la conferencia de prensa a las 18.57. Se encontraban presentes sobre el podio junto a Schabowski: los miembros del Comité central del SED Helga Labs. Gerhard Beil y Manfred Banschak. Schabowski leyó un proyecto de ley del consejo de ministros que tenía delante:

"Los viajes privados al extranjero se pueden autorizar sin la presentación de un justificante — motivo de viaje o lugar de residencia. Las autorizaciones serán emitidas sin demora. Se ha difundido una circular a este respecto. Los departamentos de la Policía Popular responsables de los visados y del registro del domicilio han sido instruidos para autorizar sin retraso los permisos permanentes de viaje, sin que las condiciones actualmente en vigor deban cumplirse. Los viajes de duración permanente pueden hacerse en todo puesto fronterizo con la RFA."

A la pregunta de un periodista italiano: "¿Cuándo entrará en vigor?

Schabowski, hojeando sus notas contestó:

"En cuanto lo diga — inmediatamente".

Gracias a los anuncios de las radios y televisiones de la RFA y Berlín Oeste bajo el título "¡El Muro está abierto!", muchos miles de berlineses del Este se presentaron en los puestos de control y exigieron pasar al otro lado. En esos momentos, ni las tropas de control de fronteras ni los funcionarios del ministerio encargados de regularlas estaban informados. Sin una orden concreta, sino bajo la presión de la gente, el punto de control de Bornholmerstrasse se abrió a las 23.00, seguido de otros puntos de paso, tanto en Berlín como en la frontera con la RFA. Muchos telespectadores se pusieron en camino. A pesar de todo, la verdadera avalancha tuvo lugar a la mañana siguiente. Muchos durmieron toda la noche para asistir a la apertura de la frontera a la mañana siguiente, 10 de noviembre.

Los ciudadanos de la RDA fueron recibidos con entusiasmo por la población de Berlín Oeste. La mayoría de los bares cercanos al muro daban cerveza gratis y los desconocidos se abrazaban entre sí. En la euforia de esa noche, muchos berlineses occidentales escalaron el muro. Cuando se conoció la noticia de la apertura del muro, se interrumpió la sesión vespertina del Bundestag en Bonn y los diputados entonaron espontáneamente el Himno de Alemania.

El 9 de noviembre, los berlineses llevaron a cabo la destrucción del muro con todos los medios a su disposición (picos, martillos, etc.). El virtuoso del violoncello Mstislav Rostropovitch, que había tenido que exiliarse al Oeste, fue al pie del muro a animar a los que lo demolían. La fotografía de esta anécdota se volvería célebre.





El Muro de Berlín: 20 años de un día glorioso



















Una cicatriz
de adoquín
cura en Berlín.

Y en Postdamer Platz
los niños juegan a saltar
sobre la línea que separa la ciudad.

Trozos del muro anticapitalista
se venden a los turistas
a precio de souvenir.

Se alza Niké triunfante
en lo alto del Tiergarten
ante un unido porvenir.

Las víctimas de sus errores
en gigantescos y negros bloques
componen un mar de luto sin fin.

Mientras, en el mástil del parlamento
un águila negra y noble ondea al viento
perdonada por los hijos de David.

Duermen ya en la ciudad tranquilos
Babilonia, Pérgamo, papiros del Nilo
y Nefertiti sin dejar de sonreir.

Sin importarles que vengas del lado federal
serán los que te den paso los pequeños Ampelmann
si vistas los mastodontes de Karl Marx Alle.

Porque una noche al fin Berlín se hizo uno,
sus hijoss a golpes tumbaron el muro
y cosieron los dos bordes del Srpee.

La Puerta de Brandenburgo ya no cierra nada,
siguen en pie las iglesias bombardeadas,
y todos pueden llegar a la Plaza de París.

Pasean por la más bella Europa bajo los tilos
universitarios, turistas, abuelos y vecinos
camino de Alexander, sin guardias que eludir.

Una cicatriz
de adoquín
cura en Berlín.

Y en Postademer Platz
los niños juegan a saltar
sobre la línea que separa la ciudad.

...................................(Pedro M. Martínez Pérez- Crespo)


domingo, 18 de octubre de 2009

El dualismo político

El dualismo político, o la facultad de sentirse retroactivamente enamorado de un idea que nunca triunfó, la posibilidad de identificarse a contracorriente y el engaño, la pura falsedad del que cree en algo que no existe y del que desprecia algo que no conoce. Un mal necesario, una figura y una idea. Un motivo y una consecuencia. La manipulación, el poder y las eternas promesas, pero también la esperanza, el sueño y la unión. No es cuestión de simplificar lo dado, el desconocimiento global es absoluto, por eso la política es dual. Es muy fácil dejarse llevar por una bandera, y lo es ser influenciado, más de lo que creemos dejarnos arrastrar por una masa. La capacidad de decisión, de alternación y discusión es difícilmente ejecutable, e inclinarnos ante un adalid a caballo sin habernos dado cuenta del proceso iniciador de esa situación (como se ha demostrado infinidad de veces en la historia...y en la contemporaneidad) no resulta estar tan lejos de la naturaleza innata del hombre. El hombre y el borrego, el borrego y el hombre. El individuo y el pastor, el pastor y el individuo.

Y lo curioso viene cuando uno parece tener establecido su planteamiento, ha superado el escollo en grado de la decisión, de la alternación y de la autodiscusión y está seguro de que determinados sistemas nunca pudieron, pueden ni podrán funcionar. Entonces se le ocurre viajar y conversar... y ¡zas, en toda la boca!.

Ahora ya no existe, pero tiempo atrás Yugoslavia fue una unión de pueblos con nexos culturales (pero no religiosos) comunes, donde una ideología representada por un joven líder arrasó al ejército nazi. Un pueblo bélico asestado por la guerra, que se sintió invadido y defendió su nación (por aquel entonces una) y aunó por más tiempo del considerado un régimen totalitario, una dictadura militar que erigía a Tito, un antiguo cerrajero, un amante del comunismo subterráneo en su juventud, como líder de una histórica patria. De izquierda, yugoslavo y salvador, pero un dictador al fin y al cabo, un régimen totalitario a las espaldas que te hace pensar en un pueblo sumiso, en una tensa situación y en la falta de libertad. Uno vive lejos del meollo y se forma sus propias opiniones basadas en la lógica y en la experiencia, pero la política es dual. Donde podrías asegurar que habían víctimas, sólo se encontraba una civilización avanzada. ¿El precio?, parece que no existía la discordancia, cuando tienes la oportunidad de conocer la opinión de un comunista, de un bosnio musulmán, de un montenegrino y de un ortodoxo serbio puedes establecer los baremos estadísticos y afirmar que hubo una patria comunista (aunque fuese un “comunismo y un dictador comunista algo peculiar”, como nos afirmaron textualmente) y totalitaria donde la estabilidad del pueblo superó los intereses individuales, donde su sistema económico logró auparlos como una potencia y donde un régimen unió a unos hermanos peleados antes y después, olvidando durante cuarenta años sus diferencias religiosas. El dualismo de la política representado en el dualismo de intereses, como bien nos dijo un amigo, lo que era bueno para Yugoslavia era bueno para Tito. Y lo que era bueno para Tito, era bueno para Yugoslavia.

Primera nota mental: Nunca más hacer juicios de valor precipitados, por muy obvios que parezcan.
Segunda nota mental (y contradictoria): Sigo estando en contra de cualquier régimen autoritario.


miércoles, 16 de septiembre de 2009

Falocentrismo

[Se aconseja examinar con detenimiento cada imagen adjunta para poder valorar en todo su esplendor la importancia que tienen dentro del tema que nos ocupa. O no.]

Decía Karl Marx (creo que era Marx, estoy casi seguro, si acaso luego lo miro y te lo confirmo) que el ser humano se mueve por intereses. Única y exclusivamente por intereses. Él pensaba firmemente que por definición no existía una acción desinteresada. Toda actuación tiene una causa determinada (¿determinista?, pues quizás) y siempre guarda un beneficio directo o no para el sujeto. Así pues, hasta el amor de una madre tiene su explicación (en la perpetuación de la especie y la búsqueda de la eternidad por medio de los genes).
En un tono más aquiniano podríamos asegurar entonces que hay un motor, un eje sobre el que todo gira. Lo creían tanto los romanos heliocentristas, lo creían Galileo y Keppler. Del geocentrismo al universalismo.
¿Y cuál es el centro del arte?, ¿qué beneficio le da al artista (contando con que mucho arte se crea sin ningún ánimo de lucro)?, ¿cuál es el interés del arte? Nada más sencillo: pintar penes. Hablemos del falocentrismo, cojones ya. El falocentrismo va a llegaaaaar.
No hay más que asomarse de forma somera al mundo del arte grecorromano (griegos y romanos se distinguían únicamente en los dedos de los pies) para comprobar que es el pene el verdadero motivo por el que muchos artistas se dedicaron al arte y no a la construcción o la política. No en vano, la mayoría de ellos lo colocaban en el centro de sus esculturas (especialmente si éstas eran desnudos masculinos). Aquí tenemos varios ejemplos de penes en el arte clásico:



Llegado el arte clásico 2.0 (llamado Renacimiento), volvió el auge del pollismo en pintura y escultura, de tal forma que en los frescos de la Capilla Sixtina encontramos esto:



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Del mismo autor (o casi) es célebre Miguel Ángel de David:



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Todo ello sin olvidarnos del áureo Hombre Vitruviano.



Y por supuesto la archiconocida Gioconda, que guarda un importante mensaje subliminal:

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También en la Revolución Francesa encontramos sorprendentes ejemplos del falocentrismo por la propia claridad de los mismos:






Finalmente, en la actualidad podemos destacar ejemplos como el Nabo rodeado de hierbas:



Y El descaro del carajo:



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P.D: Por si no lo sabíais.
P.D.2: Paradójicamente, este post no cumple la Regla del Cimbrel (por desgracia para mí).

"Mamá no pudo evitar que yo fuera artista."

viernes, 11 de septiembre de 2009

No hemos aprendido nada

Hay un cuento moderno, muy famoso y muy leído, que ocurre en la Alemania Nazi. Es una historia de alemanes, judíos y el holocausto, donde aparecen familias, gentes de todos los bandos, padres que trabajan para Hitler, campos de concentración y cámaras de gas. En este cuento, que es para niños y no tan niños, ocurre lo que tiene que ocurrir y cuenta lo que debe ser contado, incluyendo la muerte y el horror de aquella época. Aparece, eso sí, de una forma magistral, sutil y elegante. Lo necesario para ser comprensible y evidente. Para dar la pena que debe de dar, de forma franca, pero sin traumatizar a los niños y mayores que lo lean. Sin mentir ni maquillar la barbarie, pero sin caer en el morbo de lo evidente. Y este cuento, que todo eso cuenta, termina con estas dos frases:
“Todo esto, por supuesto, pasó hace mucho, mucho tiempo, y nunca podría volver a pasar nada parecido. Hoy en día, no”.

Y así, los lectores, cierran el libro con el corazón en un puño, terriblemente compungidos por lo que acaban de leer –muchos vertieron lágrimas con ese cuento y su película-, pero profundamente aliviados al mismo tiempo por las últimas palabras de la historia. Creyéndoselo. Sabiéndose a salvo. Seguros.

Esas dos frases han sonado en la cabeza de todos nosotros cuando pensamos en aquella época, en aquella guerra y aquel Holocausto, de alguna u otra forma, hayamos leído el libro o no. Pensamos que todo eso fue un gigantesco error en masa de la humanidad, pero que hemos aprendido la lección. Que nunca volverá a pasar. Y que por supuesto, no a nosotros. Estamos a salvo. Pensamos eso y seguimos nuestra vida sin temor. Hemos superado aquello. Y a nadie se le cae la cara al suelo de vergüenza. Porque a lo mejor, hasta nos lo creemos.

Creemos que aprendimos la lección de 1945, que jamás se podrá volver a perseguir a un pueblo, que jamás se matarán masas de personas por ser de una religión, de un país, de un color, de un sexo. Pensamos en el Holocausto Nazi, en seis millones de judíos muertos, y nos suena a pasado. A algo extinto. Ya no creemos en los genocidios. Nunca podría volver a pasar nada parecido. “Hoy en día, no”. Y nadie piensa en Srebrenica, ni en Sabra, ni en Chatila. Nadie se acuerda de la Plaza de Tiananmen, ni lo que se gritaba en la Plaza de Mayo. Nadie llevó la cuenta de los muertos en Ruanda -un millón-, ni en el Congo -cuatro millones-. “Hoy en día no”, pensamos. Cuando hoy en día, en Afganistán, los hombres tienen derecho legal a privar a sus mujeres de comida si no les satisfacen sexualmente. Hoy en día, en Afganistán, las mujeres deben pedir permiso por ley a sus maridos para salir de casa. Y nadie mueve un dedo por las mujeres afganas. Todo lo contrario. La OTAN considera un triunfo para la democracia las pasadas elecciones afganas. Un triunfo en nombre de la democracia donde el castigo por ser violada es la lapidación. Morir apedreada. Y no es sólo en Afganistán.

En Sabra y Chatila, treinta y siete años después del Holocausto, en la guerra del Líbano, fueron asesinadas tres mil personas en un día. Por ser palestinos. El crimen fue ejecutado por la Falange Libanesa -Falangistas Cristianos del Líbano, con su Cristo, su Dios y todo-, con la ayuda del ejército de Israel. Sólo treinta y siete años después, las mayores victimas de la historia ocuparon el lugar de los verdugos. De los asesinos. De los Nazis. Ariel Sharón, entonces Ministro de Defensa israelí -años después, elegido presidente por el mismo pueblo de Israel-, conocía y permitió la masacre. En Srebrenica, en 1995, cincuenta años después del Holocausto, hace catorce ahora, tuvo lugar la mayor masacre producida desde la matanza judía. El ejército serbio asesinó en dos días a más de 8000 personas. Todos los varones del pueblo de Srebrenica, más algunos niños, ancianos y mujeres. Ocurrió en una ciudad protegida y custodiada oficialmente por la ONU, en la que había prensa internacional. En 1995 -“Hoy en día, no”-. Y a esos muertos hay que sumarles todos los de la Guerra de Bosnia: las ejecuciones de todos los pueblos bosnios invadidos, el asalto de Gorazde, la matanza del puente de Visegrad, las violaciones en masa, los francotiradores del Sarajevo. Masacrados, por ser bosnios. En el Holocausto judío fueron asesinados seis millones de personas. Seis millones de muertes que no sirvieron absolutamente para nada a la humanidad. Seis millones de muertos tirados a la basura. Junto las muertes de la Guerra Civil española, los muertos de Hiroshima, los purgados de Stalin, y todas las fosas comunes que hayan violado nuestra Tierra durante toda nuestra historia.

“Todo esto, por supuesto, pasó hace mucho, mucho tiempo, y nunca podría volver a pasar nada parecido. Hoy en día, no”. Y nos sentimos seguros porque a nosotros no nos va a pasar. No. Hoy en día no. Estamos a salvo. Sin pensar que nadie movió un dedo por los palestinos muertos en la Franja de Gaza, hace pocos meses, ni que nadie movió un dedo por los muertos en la Guerra de Georgia, hace un año. Y ambos están en Europa. Y nos sentimos protegidos, sin pensar que nadie mueve un dedo por las muejeres sometidas por el Islam. Sin pensar que nadie mueve un dedo por los muertos en las guerras africanas.

“Todo esto, por supuesto, pasó hace mucho, mucho tiempo, y nunca podría volver a pasar nada parecido”. Es la llave maestra que cierra nuestros pensamientos cuando evocamos la barbarie Nazi. Aprendimos. Pero nadie movió un dedo por los muertos de Sabra. Nadie movió un dedo por los muertos de Chatila.

“Todo esto, por supuesto, pasó hace mucho, mucho tiempo, y nunca podría volver a pasar nada parecido”. Y nadie movió un dedo por los muertos de Srebrenica.


martes, 18 de agosto de 2009

Perfil: Don Miguel de Unamuno y Jugo (Enfrentamiento con Millán- Astray)

El doce de octubre de 1936, en el engalanado salón magno de la Universidad de Salamanca, se celebra el Día de la Raza. Presiden el acto el rector emérito de la Universidad, Don Miguel de Unamuno y Jugo, en nombre de Franco, junto a la mujer del generalísimo, Carmen Polo, el cardenal Pla y Deniel, y el general Millán-Astray, líder nacional, directo de Franco, máximo de la Legión, mutilado y descarnado en la guerra de Marruecos, tuerto, manco y curtido de cicatrices en el cuerpo y en el rostro. Don Miguel preside el acto con gesto serio. Ahora, aunque jubilado de catedrático, lo han nombrado rector vitalicio (ya había sido rector anteriormente, pero fue cesado en 1914 por sus duras críticas al gobierno, su posición a favor de los aliados en la Primera Guerra Mundial, su posición enfrentada a la germanofilia monárquica, y desterrado por opositor por la dictadura de Primo de Rivera, recalando en Fuerteventura, París y Hendaya). Como desapuebra todo lo que está ocurriendo en el país (aunque al principió de mostró a favor de la causa nacional como remedio para rectificar los males de la República, lo que explica su permanencia allí, también firmó un manifiesto de intelectuales en contra de un enfrentamiento militar a la vez que lanzaba graves ataques contra el gobierno del Frente Popular), ha decidido no intervenir en toda la celebración y no formar parte de aquel esperpento más de lo mínimamente necesario cediendo el turno a los oradores previstos. De público asisten, junto al claustro universitario y autoridades mayores y menores y otros interesados, toda una cohorte popular de seguidores y arrimados al levantamiento franquista.

Uno de los oradores, el profesor Francisco Maldonado, pronuncia un discurso en el que ataca duramente a vascos y catalanes acusándolos, junto con Madrid, de ser los principales vértices de la llamada anti-España. Unamuno, por su parte, crece porgresivamente en indignación mientras va tomando notas en un sobre que saca del bolsillo.

- ¡No aguanto más! – Se escucha rumiar a Unamuno-. ¡No quiero aguantar más! ¡Esto es una vergüenza!

Al final de la intervención de Maldonado de Guevara, Don Miguel se levanta. Sin sentarse en ningún momento, bate sus gafas y su perfil afilado por todo el auditorio mientras habla.

- Dije que no quería hablar porque me conozco –comienza el rector-. Pero se me ha tirado de la lengua y debo intervenir. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión; el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, mas no de inquisición.

Se ha hablado también de catalanes y vascos llamándolos la anti-España; pues bien, por la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor cardenal, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda la vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis. Ése sí es un Imperio, el de la lengua española, y no...

El general Millán-Astray suelta un bufido interrumpiéndole, da un puñetazo sobre la mesa y se levanta también gritando:

- ¡¿Puedo hablar?! ¡¿Puedo hablar?!

Un legionario, escolta del general, se presenta con el fusil firmemente sujeto en las manos. Cunde el nerviosismo y el temor entre el público, que junto con Unamuno, enmudece.

- ¡Cataluña y el País Vasco - grita Millán-Astray- , ¡el País Vasco y Cataluña son dos cánceres en el cuerpo de la nación! El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en carne viva y sana como un frío bisturí. La carne sana es la tierra; la enferma, su gente. ¡El fascismo y el ejército arrancarán a la gente para restaurar en la tierra el sagrado reino nacional!

Cada socialista –dice inquisitivamente, pues Unamuno perteneció por tres años al Partido Socialista, a finales del siglo XIX-, cada republicano y cada uno de ellos sin excepción y, huelga añadirlo, cada comunista es un rebelde contra el gobierno nacional, que será pronto reconocido por los estados totalitarios que nos auxilian, a pesar de Francia, democrática Francia, y la pérfida Inglaterra.

Y entonces, o incluso antes, cuando Franco lo quiera y con la ayuda de mis valiente moros, que si bien ayer me destrozaron el cuerpo, hoy merecen la gratitud de mi alma por combatir a los malos españoles, porque dan la vida por la sagrada religión de España, escoltan al caudillo, prenden medallas y Sagrados Corazones en sus albornoces...


Coronando la intervención, desde el paraninfo surge un tremendo grito, el lema de la Legión: "¡Viva la muerte!". Parte del público se une al espontáneo y jalean a Millán- Astray, junto al que acaban gritando la consigna franquista: “España, Una, Grande y Libre”.

Unamuno, que en ningún momento se ha sentado, levanta la mano en solemne gesto pidiendo silencio. Cesa el guirigay del auditorio y retoma su discurso.

- A veces callar significa mentir; porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia.

Quisiera comentar el discurso, por llamarlo de algún modo, de Millán-Astray. Dejemos a parte el insulto personal que supone la repentina explosión de ofensas contra vascos y catalanes. Yo nací en Bilbao, en medio de los bombardeos de la segunda guerra carlista. –Época en la que perdió a su padre, con seis años de edad-. Más adelante me casé con esta ciudad de Salamanca, tan querida, pero sin olvidar jamás mi ciudad natal. El obispo quiéralo o no, es catalán nacido en Barcelona.

Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de "¡Viva la Muerte!". Esto me suena lo mismo que ¡Muera la Vida! Esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador entiendo que fue dirigida a él, si bien él mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y no otra cosa! El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono mas bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu, suele sentirse aliviado viendo como aumenta el número de mutilados alrededor de él.

El general Millán-Astray no es uno de los espíritus selectos aunque sea impopular o, quizá por esta misma razón porque es impopular. El general Millán-Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía ver a España mutilada, como inconscientemente lo dio a entender.

Millán-Astray, que tampoco se ha sentado, clava la crispada mirada sobre Unamuno y brama:

- ¡Muera la inteligencia!

José Maria Pemán, manifiestamente afín al bando nacional, presente en el acto, se levanta y acude a templar la discusión.

- ¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!

El murmullo iniciado con la intervención de Millán-Astray ha ido subiendo durante la del poeta gaditano. Sin embargo, Unamuno, furioso, consigue imponer su voz sobre el auditorio:

- ¡Éste es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. ¡Venceréis, pero no convenceréis! Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: Razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España. -Y tras un breve silencio, concluye-. He dicho.


Del salón surge un gran alboroto. La gente se levanta y clama contra Unamuno. Le llueven los insultos, las amenazas, y los puños se levantan inquisidores contra él. Esteban Madruga agarra a Unamuno del brazo y le indica a Carmen Polo que le ayude, asiéndolo del otro. Lo escoltan hasta la salida acompañados por el cardenal, más obligado que convencido. Al salir a la calle, Don Miguel tropieza y Carmen Polo lo sostiene.

- ¡Dele usted el brazo a la señora!- le grita Millán-Astray.

En el pasillo, Carmen Polo suelta el brazo de Unamuno y se aparta disimuladamente del tumulto.

Tras el incidente, Juan Crespo, del partido monárquico, acompaña al rector a su casa. Desde ese momento Unamuno es condenado tácitamente a arresto domiciliario, y un policía de paisano lo vigilará en las escasas salidas que le queden antes de su muerte, acontecida a finales de ese mismo año. En el tiempo que le queda, además de leer, escribir, reflexionar y sobrevivir, aún recibe visitas en su casa. En uno de uno de esos encuentros con su amigo, el escritor y filósofo griego Nikos Kazantzakis, le dirá:

“Se instauró el terror por todas partes y España se halla textualmente despavorida de sí misma. Creí que el Movimiento salvaría la civilización, al suponerlo fundado en una base cristina, pero terminé por percatarme de que sólo significaría el triunfo de un militarismo al que me opongo total y absolutamente. A esta gente les une el odio a la inteligencia y por eso fusilan a intelectuales. Si triunfan, España se transformará en un país de imbéciles. Sólo queda un terror cruel, sádico y cínico, aún más espantoso porque no proviene de excesos individuales, sino de la metódica organización de los dirigentes”.

“A las partidas de criminales, locos de atar y salvajes extrahombres de ambos bandos, sólo les mueve el resentimiento nacional, la lepra de la envidia, que señaló a fuego Quevedo, y además el rencor contra la inteligencia. Esto es un infierno. Y el que se adhiere a uno u otro bando ha de ser sin condiciones y sin piedad”


El 11 de diciembre del 36, pocos días antes de su muerte, Miguel de Unamuno escribe esta indignada carta al director del diario ABC de Sevilla, Juan Carretero Luca de Tena, en respuesta a una información publicada por el mismo el día anterior:

“Aunque conozco de antaño, señor mío, su característica mala fe, esta vez quiero decírselo. En el número de ese ABC sevillano de ayer, día 10, leo un suelto que dice: "Carta de Miguel de Unamuno a todos los centros docentes extranjeros." Pues bien, eso es mentira y usted lo sabe. Primero, hace tiempo que no soy rector de la Universidad de Salamanca desde que esta gente me sustituyó.

Esta carta, acordada en el claustro, no es mía sino de la universidad. No la redacté yo. Luego la puso en latín macarrónico un cura cerril.

Y ahora debo decirle que por muchas que hayan sido las atrocidades de los mandos rojos, los hunos, son mayores las de los blancos, los hotros. Asesinatos sin justificación. A dos catedráticos, a uno en Valladolid y a otro en Granada por si eran… masones. Y a García Lorca.

Da asco ser ahora español desterrado en España.

Y todo esto lo dirige esa mala bestia ponzoñosa y rencorosa que es el general Mola.

Yo dije que lo que había que salvar en España era la civilización occidental cristiana, pero los métodos no son civilizados sino militarizados, no occidentales sino africanos, ni cristianos, sino católicos a la española tradicionalista, es decir anticristianos.

Esto procede de una enfermedad mental colectiva, de una verdadera parálisis general progresiva espiritual, no sin base de la otra, de la corporal. Sobre todo ahí, en esa corrompida Andalucía –de una parte y de otra- este estallido de repugnantes pasiones, resentimientos, envidias. Odio a la inteligencia, se manifiesta en invertidos, sifilíticos, y eunucos masturbadores.

No es este el Movimiento al que yo, cándido de mí, me adherí creyendo que el pobre general Franco era otra cosa de lo que es. Se engañó y nos engañó. [...]

Entre los hunos –los rojos- y los hotros –blancos (color del pus)- están desangrando, ensangrentando, arruinando, envenenando y –lo que para mí es peor- entonteciendo a España. En la España que proclama como caudillo a Franco–personalmente un buen hombre víctima y juguete de la jauría de hienas- cabrá todo menos franqueza. Ni amor a la verdad. Pero ustedes, los de ABC, podrán seguir envenenando con mentiras, insidias, calumnias…

Les escribo esta carta desde mi casa donde estoy hace días encarcelado disfrazadamente. Me retienen en rehén no sé de qué ni para qué. Pero si me han de asesinar, como a los otros, será aquí, en mi casa.

Y no quiero seguir. Aún me queda por decir.”


Don Miguel de Unamuno y Jugo murió en dicho domicilio salmantino el 31 de diciembre de 1936, a los 68 años. A pesar de su virtual reclusión, en su funeral fue exaltado como un héroe falangista. Tras su muerte, Antonio Machado escribió "Señalemos hoy que Unamuno ha muerto repentinamente, como el que muere en la guerra. ¿Contra quién? Quizá contra sí mismo".



(Unamuno saliendo del Paraninfo de la Universidad de Salamanca, tras su enfrentamiento con MIllán- Astray)


martes, 19 de mayo de 2009

Vivimos una época muy triste

Antes alguien se moría de repente o porque estaba malo. Ahora vivimos acojonados porque un cerdo estornuda o porque alguien se ha acabado el último Actimel.
Antes la cosa estaba achuchada o se pasaban fatiguitas. Ahora es que el IBEX se ha desplomado o el TAE a plazo fijo es una miseria.
Pero no solamente por esas minucias el mundo de hoy en día es triste. Ni por los maremotos, terremotos y amotos. Ni por el VIH, ni por las guerras, ni por el hambre, ni por Ramoncín, ni por Renfe… bueno, quizás Renfe sí tenga parte de culpa.
El caso es que no es por culpa de que un monstruo asole un país y reciba como castigo un babuchazo, ni porque vendan la píldora del día después en un estuche de los Picapiedra.
No.
Lo verdaderamente triste de este mundo y, más concretamente, esta época en la que existimos son las puñeteras tribus urbanas.
Sí, señora, no se eche las manos al cardado que se lo explico. Dígame qué cree que habría sido Bécquer si hubiera nacido en 1992: ¿romántico o canorro?
Yo se lo digo si quiere. Gustavo Adolfo Bécquer habría sido un puto majolo. Lo más que habría escrito es "Su-Gus y Su Déborah" en el último asiento de un autobús.
El Barroco habría sido un pub y el Siglo de Oro un catálogo de compra por correo. El Romanticismo habría sido un peluche de Winny de Pooh y la Ilustración habría sido un dibujo con retuladó en una parada de autobús. El Modernismo habría sido llevar la visera para un lado y el Renacimiento habría sido a las 12 y media de la mañana.
Góngora habría sido un pijo con patillas y un (o dos, o tres) flequillo de oreja a oreja, Valle Inclán habría sido un perro-flauta alternativo haciendo malabares con un platito delante, Tolkien habría salido friki, Antonio de Nebrija habría sido un gafapasta, Nietzsche habría sido skin-head, Platón habría sido catequista y Baroja un heavy cervecero y Alfonso X habría sido El Reshulón.
Lope de Vega un famosillo concienciado, Pardo Bazán una famosilla con silicona, Quevedo un yonki, Mozart un DJ, Picasso un graffitero, Cervantes un rapero y Larra un emo.
Vivimos una época muy triste, pero al menos nos reímos.

P.D: Perdón por saltarme la regla de las 24h, pero bueno, creo que alguno de vosotros me insinuó que publicara.

"La vida son dos días entre semana."

viernes, 1 de mayo de 2009

"Una mentira...

...contada miles de veces se convierte en una verdad”.


Tras la 1ª Guerra Mundial, Alemania vivió un período de estabilidad durante la década de los 20, se impuso un república (la de Weimar), algo debilitada en su inicio y proveniente de todo lo acatado en el Tratado de Versalles, que no había sido nada beneficioso para los germanos. Hasta 1928, primó una suficiente prosperidad económica. Un antiguo líder militar, Paul Von Hindeburg, logró la victoria en las elecciones presidenciales de 1925, con el apoyo de los partidos nacionalistas y con la oposición nazi. Uno de los problemas que desencadenó el caos democrático futuro fue el poder competencial del Presidente de la República, que podía disolver cámaras del Parlamento y, fundamentalmente, sustituir los cancilleres a su antojo (como así fue). Generales, políticos y hasta su hijo fueron partícipes de ese puesto, y entre los candidatos a ello una figura que marcaría el futuro, Adolf Hitler, aún después de haber sido encarcelado cinco años tras el puscht de la cervecería en 1923. Decir que en prisión fue precisamente donde escribió Meinkapft.

Pero en 1929 aconteció lo previsible, y una tremenda crisis económica asoló el país, la coalición entre socialistas y populares se rompió. La población buscaba un golpe de efecto, y tanto el partido nacional-socialista como el comunista (KPD) crecieron fulgurantemente en las elecciones de 1930, aún así Hindeburg siguió en la presidencia. El canciller durante aquellos momentos, Bröening, se preocupa por el incremento de popularidad de los nazis, e intentó extender la legislatura de Hindeburg hasta su muerte natural. Para ello necesitaba el apoyo de dos tercios del Reichstag, entre ese porcentaje la inestimable confirmación de su idea por parte de los nacional-socialistas, Hitler, con la futura presidencia en mente, se negó.

Los dos años que transcurrieron hasta las primordiales elecciones de 1932 vieron como las condiciones económicas del país se hundían progresivamente, todo debía decidirse ese año, y para ello tres candidatos se postulaban dispuestos a tomar las riendas de Alemania. Von Hindeburg alegando su continuidad con el PSD, Adolf Hitler con NSDAP y los comunistas junto a Ernst Thälmann (KPD). Disputadas a dos vueltas, Hindeburg fue reelegido por más del 50% de los votos, con 7000 electores más que el líder de los nazis.

Consciente de la influencia de Hitler, el veterano presidente (85 años en 1932) le ofreció a éste la vice-cancillería, rehusándolo el austriaco.

Hindeburg puso en cabeza de la cancillería a un diplomático aristocrático que estaba dispuesto a acabar con el poder nazi, Franz Von Papen, pero fue cesado rápidamente tras caer derrotado en el Parlamento. El siguiente canciller fue clave, Von Schleicher, vivió las dos elecciones acontecidas en el 1933. En las primeras, en Enero, se confirmó el auge momentáneo nazi, y el partido de Adolf Hitler fue el más votado, sin embargo no obtuvo la mayoría absoluto, y la coalición popular, con el sempiterno Hindeburg siguió en el gobierno. Ese mismo año, en Noviembre, tras la cima comenzó la decadencia, y el NSDAP perdió dos millones de votos. Schleicher entonces intentó asestarle a los nazis el golpe definitivo, asociándose como vice-canceller a un importante miembro del partido de Hitler, Strasser, provocando un conato de escisión interna en el NSDAP.

Sin embargo, la escisión de Schleicher no fructificó, y éste último renunció la cancillería. Hindeburg, confuso, pidió ayuda a Von Papen para elegir al nuevo canciller, recomendándole el aristocrático a Hitler, creyendo que podrían controlarle en el poder. Cosa que, como todos sabemos, no ocurrió.

Hitler fue nombrado canciller por Hindenburg. El futuro Führer procedió con éxito y celeridad, forzó a un agotado Hindeburg a autorizarle la disolución del Parlamento, y acusó injustamente a los comunistas del incendió del Reichstag (provocado por el mismo NSDAP), prohibiendo entonces la existencia de este partido.

En un clima de intimidación y violencia, desencadenado por las fuerzas militares de los nazis y el control del ejército, se vivieron las siguientes elecciones, donde no cabía opción a otra cosa que no fuese el triunfo nacional-socialista. A partir de esa victoria, cambió la historia germana, la noche de los cuchillos largos marcó el definitivo asestamiento al final de la democracia de la República de Weimar. Forjándose el Imperio Nazi.

No, al contrario de lo dicho en infinidad de ocasiones, Hitler no llegó democráticamente al poder.