Resulta sencillo mantener esta teoría en un ambiente idóneo, un servidor vivía encerrado (afortunadamente) en un entorno donde todas estas varas de desigualdad no existían, donde por lógica y razón el límite de la discriminación se colocaba allí donde la broma terminaba. Donde defender algo que se ha defendido durante la historia no era más que un disparate, una falta de respeto y una incoherencia. Donde puedes discutir, alternar planteamientos en un río donde fluyen todas las ideologías posibles pero acotados por unos principios que se consideran (o que yo consideraba) inherentes, universales e indiscutibles.
Entonces, lo que se supone que debía acrecentar esta visión positivista del hombre y la juventud se transforma en freno de marcha de tu pensamiento. Se va uno de Erasmus, a convivir, a inmiscuirse, a impregnarse de culturas ajenas. A afrontar con ilusión y diversión el relato foráneo. A vivir con los demás, hasta donde la puta timidez te permite, y verse iluminado y contento al saber que las cosas no son iguales en todos los lugares del mundo, que puede hablarse de política con un chino, de literatura con un polaco, de fútbol con un marroquí o del clima con un venezolano. Te marchas donde al menos, aunque te encierres en tu idioma, crees que existe un paso de tolerancia y de respeto, de igualdad, nada más.
Y sin embargo te encuentras un panorama desolador, gente que ha tenido una formación amplia, que ha estudiado la asquerosa historia de la humanidad, que ha recibido miles de indicaciones de lo que se supone que son bases del planeta para el futuro. Gente que ha tenido que vivir ambientes diversos, que ha viajado con indigna hipocresía atreviéndose a pisar zonas donde predomina aquello que tanto maltratan con la palabra. Un puto y maldito racismo que no sólo sigue existiendo, sino que sigue existiendo exactamente de la misma forma que hace diez, cien o quinientos años, sólo frenado por la conciencia estatal. Sabiendo uno que si el ambiente genérico no se hubiera modificado se seguiría hablando de cargadores y llevadores, de príncipes y súbditos, de raza predominante y predominada. Un puto y maldito racismo que se repite día a día, que se clava en tu cuerpo con cada vomitivo comentario escuchado, un racismo incorregible y deleznable, que viene de fábrica y que consigue sacarte el odio que debería mantenerse estático.
Una puta experiencia que al final no sirve para lo que más debía servir. Todo lo contrario, cambia tu forma de pensar a la desazón de un clima tórrido de defectos que uno nunca podría esperar en una situación así. Puto y maldito racismo, arma del inútil que no ha aprendido nada, arma del malo y el ignorante, mierda de arma rastrera y baja de inútiles del día. Arma que no desaparecerá nunca hasta que acaben los imbéciles y los cabrones que pueblan la tierra, es decir, arma que no desaparecerá nunca.

PD: Aunque ponga la etiqueta de "desde París con amor", esta vez es más que nunca, "desde París con desamor"
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