martes, 31 de marzo de 2009

Gorges

Lo siento, vosotros lo habéis querido. Era inevitable después de Borges y Forges:





"Desvirtuar lo divino es algo tan humano como inventarlo"

lunes, 30 de marzo de 2009

Forges

Seguimos con nuestro ciclo de artistas y maestros. Pero en esto de la vida, hay máspalos desde los que enseñar que aire. Así que hoy, toca viñeta. De la mano del genial Antonio Fraguas, Forges:



sábado, 28 de marzo de 2009

Jorge Luis Borges

Documentos de este tipo tienen un valor elevadísimo, a pocos genios de la historia podemos tener la suerte de escuchar, y sin duda alguna este tipo es uno de ellos.
Bendita sea su saber y su humildad.



P.S: Un resumen de la amplia entrevista que puede ser vista también en youtube en su totalidad, para no pecar de repetitivo en el futuro informar que también están a vuestra disposición del mismo programa encuentros con Salvador Dalí, Julio Cortázar, Octavio Paz, Camilo José Cela y un amplio abanico de autores y artistas.

jueves, 26 de marzo de 2009

Perfil: George Orwell

No hay nada mejor para intentar escapar de un periodo de sequía y tedio creativo que una pequeña distracción personal puesta al servicio del público. Como últimamente, afortunadamente y gracias a Dios, anda el mundo poco preocupado en guerras que poder informar (pese al dantesco caso que se perpetra en Guinea del Norte y otros lugares de África, a desarrollar más adelante), me centraré en otra de mis grandes fuentes, que son los libros y aquellos que nos los brindan. Ateniéndome a esto, veo que hay dos autores principales en mi vida, a los que admiro y que me han influido muchísimo en mi vida en los vírgenes papeles en blanco que con mis líneas estropeo: Arturo Pérez-Reverte, desde mi adolescencia; y ya de adulto, George Orwell. Curiosamente, ambos exreporteros de guerra, grandes articulistas y novelistas de marcado corte bélico y político.


Afortunadamente para mí, el primero aún está vivito y coleando y parece que le queda cuerda para rato, así que centrémonos en la figura del segundo. La vida y obra del inglés está repleta de pequeños y curiosos episodios que poco a poco, movido por la curiosidad hacia la persona que había tras dos grandes obras maestras como son “Rebelión en la Granja” y “1984”, he ido descubriendo. Aviso. Puede que este pequeño reportaje que presento no interese a muchos y aburra al personal ajeno a su obra, así que pido perdón por adelantado y animo a saltar al siguiente. No obstante, creo que al menos 5 de los 8 lectores de PATOCIENCIA sabrán agradecérmelo.


En primer lugar, tracemos una breve línea bio-bibliográfica sobre la que ubicar las anécdotas. Eric Arthur Blair nació en la India, colonia británica, en 1903, hijo de padres británicos. Pese a pertenecer a la clase media, gracias a su talento e inteligencia consigue ingresar en prestigiosas escuelas y universidades (como Eton). Se hace periodista y comienza a escribir muy temprano, y ya en 1930 publica sus primeras obras, de corte social e idealista. Incluso se dedica a vivir en suburbios y barrios marginales para conocer más a fondo esa realidad y se va a vivir a París un tiempo sin dinero para sobrevivir solo. “Sin blanca en París y Londres” es la obra producto de esta locura. Pasa a ser corresponsal de guerra y se dedica a cubrir y analizar algunos conflictos de la época, y poco a poco va ganando una pequeña y relativa fama en su mundillo. En 1936 viaja a España para combatir el fascismo y defender a la República, teniendo que huir en 1937 al ser perseguido por los comunistas de su propio bando, que lo acusaban de haber pertenecido a una organización trotskista. Vivió la manipulación que se daba tanto dentro como fuera de España al desarrollo de la guerra, y particularmente a los sucesos acaecidos en la “semana trágica” de Barcelona, en la que los stalinistas iniciaron la persecución española de trotskista, apoyados por un gobierno en deuda con la URSS. Lo visto aquí lo marca profundamente, y esto, junto a su alcanzada madurez y su talento natural, germina en las dos grandes obras arriba mencionadas. Además, alcanza ya una fama real y relevante y llega a ser articulista de una importante revista de la época, el “Observer”, sin abandonar su vocación de reportero de guerra, cubriendo así diferentes frentes de la Segunda Guerra Mundial. Continúo así hasta morir de tuberculosis en 1950, a los 47 años.


Precisamente, la primera de las anécdotas que vamos a comentar está relacionada con uno de estos libros: “Rebelión en la granja”. Todos los que la hemos leído pudimos disfrutar también de su prólogo, un artículo de Orwell añadido en ediciones posteriores a su muerte titulado “Libertad de prensa” en el que hace una defensa de la libertad de expresión y critica tanto la autocensura complaciente a la que se someten escritores y editores, como la manipulación informativa que esto conlleva. En el artículo, nos cuenta como el libro fue rechazado por diversos editores hasta encontrar uno con suficientes agallas como para publicarlo. Unos lo rechazaban por ser “demasiado crítico con el comunismo” (la URSS era aliada de UK en la guerra y no querían molestarlos) y otros, más conservadores, por ser “demasiado complaciente con el comunismo”. Tal cual. Cuando por fin encontró un editor dispuesto a sacar el libro, Jonathan Cape, este se echó atrás en el último momento. Cape tenía un amigo trabajando en un alto cargo del Ministerio de Información que le desaconsejo que apoyara el libro, ya que la fábula era un espejo demasiado claro de la evolución de la Unión Soviética, aliada fundamental británica entonces. Tras esta charla, Cape escribió una carta a Orwell diciéndole “No hay duda de que la elección de los cerdos como la casta dominante molestará a muchos, y particularmente a cualquiera que sea un poco susceptible, como sin duda son los rusos”. Todo esto podemos leerlo en el prologo de la mano del propio Orwell. Lo que este no cuenta es que al recibir la carta de Cape, escribió simplemente en su margen “tus cojones”. Además, si indagamos en la Historia descubrimos, para regocijo de los que en su día leímos el prólogo, que este amigo de Cape que trabajaba en el Ministerio, Meter Smollet, fue posteriormente desenmascarado y procesado como espía soviético.


Meses después, en 1945, siendo ya escritor famoso y reconocido, marchó a Francia a cubrir el avance aliado hasta Alemania. Allí en París descubrió que en su mismo hotel se hospedaba otro gran escritor al que él admiraba bastante: Ernest Hemingway. (Genio y maestro de la literatura universal, premio Nóbel en 1954). Emocionado, subió a presentarse a su habitación como Eric Blair, pero Hemingway no le reconoció, pensó que nunca había oído hablar de él y pensando que se trataba de un corresponsal británico más le espetó algo arisco “¿Qué demonios quiere usted?”. Entonces el primero contestó “Soy George Orwell”. Al oír aquello, a Hemingway se le iluminó el rostro, disculpó azorado y le invitó a pasar. Sacó una botella de whisky escocés de debajo de la cama y le invitó a tomar una copa con él. “Por qué demonios no dijo eso antes? No se quede ahí, entre, póngase uno doble”. Y quedaron largo rato charlando. Esto es lo que nos cuenta un complaciente Orwell de aquella cita. Sin embargo, Hemingay da una versión un poco más larga años más tarde y cuenta que Orwell llegó con aspecto nervioso y preocupado, y más tarde le confesó que tenía miedo porque temía que los agentes estalinistas lo estuviesen buscando entre la confusión de un París recién liberado. Hemingay le prestó un Colt del calibre 32 para que se defendiese si se daba el caso.


Con el tiempo, como ya hemos dicho, Orwell se convirtió en un prestigioso escritor y periodista, especializado en el análisis político y literario, publicando tanto artículos como reseñas literarias en su revista. Era un crítico mordaz, despreciaba la demagogia y la manipulación por encima de todo y como el mismo confiesa, cada línea que escribió desde su llegada de España en una línea en contra del totalitarismo y a favor del socialismo democrático. Fue uno de los primeros revolucionaros en posicionarse en contra del Imperialismo Británico y su colonialismo, defendiendo por ejemplo la independencia de la India. Lideró junto a su amigo, David Astor, editor de la revista, un profundo cambio político e ideológico dentro de la misma, esclerotizada en los arcaicos valores de su editor anterior. Pero además, como escritor, desarrolló una cruzada particular en contra del desprestigio de su lengua, a la que tanto amaba (y será casualidad lo de Pérez- Reverte, oigan). Criticaba la ligereza con la que se le maltrataba y reducía su idioma. En 1946 publica un ensayo titulado “La política y la lengua inglesa” en el que se lamenta del patético estado del periodismo contemporáneo (y ya hace más de 60 años de aquello) en el que ofrece valiosos consejos para futuros escritores. Estos consejos aún se citan en los manuales de estilo del “Observer”, ya que su crítica del lenguaje descuidado continúa tomándose muy en serio. En Inglaterra, claro. “Un hombre puede darse a la bebida porque se siente un fracasado y después, fracasar aún más estrepitosamente a consecuencia de que bebe; eso es bastante parecido a lo que sucede con la lengua inglesa. La lengua inglesa ha llegado a ser fea e imprecisa porque nuestros pensamientos son estúpidos”.


Como ya hemos mencionado, una de las experiencias que marcó más determinantemente a Eric Blair fue su experiencia en España y su lucha en nuestra Guerra Civil. Cuando llegó a España se alistó en las milicias del POUM, más por motivos geográficos que ideológicos, y sin llegar de alistarse al partido. Manifestaba públicamente que no creía en el comunismo ni compartía sus ideales, pero de todas las opciones posibles para combatir, aquella fue la que más simpatía le despertó. Vino atraído por el ideal romántico de luchar por la democracia y la libertad en contra del fascismo y de la opresión de un pueblo, sin olvidar que aquellos que se empuñaban los fusiles enemigos, lo hacían sin duda para defender otro ideal que ellos, en su error, considerarían correcto. De hecho, fue uno de los autores en acuñar que la Guerra Civil española fue “la última guerra de románticos”. Esta experiencia la recoge en “Homenaje a Cataluña”, y en ella, como digo, muestra siempre un profundo respeto por los soldados enemigos. Aún sabiendo que su objetivo es “matar fascistas”. Puede que además del espíritu idealista le impulsara el amor y curiosidad por nuestro país que siempre manifestó. Incluso llega a dejar escrito que lamentó enormemente haber podido ver sólo el noreste del país y no haber podido volver nunca a causa de la victoria de Franco. Además de su amor a nuestro país nos muestra también gran respeto y admiración por los españoles, a los que califica, entre otras virtudes, de “tremendamente generosos, no sólo en el plano material, sino en todos los aspectos”. “Si a un español oculto en su puesto le pasa un tiro realizado a doscientos metros a un palmo de su cara, en cuanto consiga ponerse a salvo en su trinchera exclamará “ese fascista hijo de puta es un magnífico tirador”, mientras que un inglés se cortaría la mano antes de hacer semejante concesión”.


Una vez, en uno de sus artículos, escribió, “Si uno mira dentro de si mismo, ¿quién es, Don Quijote o Sancho Panza? Casi con toda seguridad, uno es ambos”. Esa delgada línea entre el idealismo y el cinismo es uno de los valores más representativos de este escritor del que tanto he aprendido y al que tanto admiro. Valgan las torpes líneas que yo pueda dedicarle como mi pequeño homenaje personal a este maestro: Eric Arthur Blair, George Orwell.


PD: Con mucho cariño, y especialmente, a mi amigo Alberto "Koala", junto a un fuerte abrazo. A ver si consigo arrancarte una sonrisa, hijoputa.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Tu puta madre

Amo el Carnaval de Cádiz y soy fiel seguidor de Antonio Martínez Ares. Me encanta el legado de grandes comparsas que dejó. Así que lo homenajeo como buenamente me permiten mis limitaciones y mi torpeza:



Ha dicho el Santo Padre que el condón no es efectivo
y es curioso que lo diga rodeado de negritos
Rodeado de gente que se muere sin remedio
que beben agua sucia y dormitan en el suelo
que viven del aire y olvidaron el miedo
Respóndame, padre
¿Por qué se afana su Iglesia en predicarnos siempre la muerte?
¿Por qué le niega el cielo al que previene una ETS?
¿A quién señala usted como impuro?
¡Qué fácil es!
qué fácil es dejar que se pudra gente
si el olor no le llega a usted
Si usted es Dios aquí en la Tierra,
¿porqué basa su voz en el odio?
¿usted que sabe de la guerra?
¿qué sabe usted del demonio?
Déjese de tanta historia de prejuicios y tabúes
Respeto al que crea en un mundo
más allá de lo terreno
respeto sus ilusiones
pero a usted no lo respeto
Usted, es el infierno


Se ve que todos son los mismos perros, hijos de las mismas perras y con el mismo collar.
La historia se repite y la cabeza visible de la Sacra Iglesia Cristiana Católica vuelve a meter la pata. Vuelve a hablar de temas morales con su mente abierta y sus ganas de trabajar siempre en favor de la humanidad y no de sus propios y mezquinos intereses (que de verdad no los entiendo).
Millones de muertes se podrían solucionar con el puñetero preservativo y el lumbrera usa su palabra, con todo lo que ello significa, para evitar que esas muertes se eviten, valga la redundancia y la infinita maldad.
Es un contraste que se envuelva en ese traje blanco teniendo un interior tan oscuro.
Por favor, preocúpese del oro y las obras de arte, límpele el polvo todos los días a la tumba de sus predecesores y deje de adoctrinar con banderas de muerte, maldito insensato.


"Si somos lo que comemos, tú eres la polla."


martes, 24 de marzo de 2009

Banalidad VS Experiencia

Fue un encuentro curioso, casual, de los que uno puede ser capaz de notar que existe una clara diferencia entre los caracteres de ambos y en la consecutiva emoción al toparse con el alterno. Yo no lo sabía, aunque algo podía denotarse, eran compatriotas. Lo que antaño fue una gran patria unía a estas dos individuas, sin embargo las perspectivas de ambas al respecto parecían ser totalmente antagónicas.

Una de ellas parecía ser algo más viva, dominaba el castellano con algo más de fluidez que su compañera pero se expresaba con un nerviosismo algo característico, bien por ser una característica anexa a su persona o bien por la emoción de encontrarse a una compatriota con la que poder compartir, aunque sólo fuese por ínfimos diez minutos, su interesante experiencia. Supongo que debe ser algo especial ese patriótico encuentro, motivador personalmente, una válvula de escape para aquellos que tienen la imperiosa necesidad de seguir cohesionado a su entorno.

Y era totalmente lógico. Le preguntaban a Punset qué era lo más inteligente que se podía hacer en esta vida, y no meditaba éste la respuesta (raro en un alma tan inquieta). Compartir la alegría con los demás decía. He aquí la imperiosa necesidad de alternar sucesivamente la solitaria reflexión con el conocimiento participativo, lo supremo de la exposición y la opinión ajena, solos no somos nadie.

Pero yo que me declaro fiel seguidor de audiciones de extrañas (pueden llamarme cotilla si lo prefieren), y que en consecuencia me erigía como espectador de primera línea de tan curioso encuentro denotaba que la última en llegar no parecía demasiado interesada en su nueva compañera de trayecto. Desenfundó rápidamente su catálogo categoría primavera-verano estilo chill-out proveniente de las pieles sintéticas exportadas del ñu oriental extinto ceilanés. Enseguida se escondió en su preciado tesoro como alejándose sucintamente de la presencia de su soñadora amiga, sin embargo parecía que ésta última no era capaz de ver tal evasión, o quizá no quería. Hablaba con pasión de las diferencias étnicas existentes entre su raza y la nuestra, con respeto y tolerancia, y con deseos de seguir en contacto con su país por diversas vías, aludía concretamente a lo raro que le resultaba no haber visto a ninguna persona rubia y diferente que se sentía por lo mismo, pero su “amiga” dedicaba peyorativos asensos, duros asentimientos que alejaban la temática de golpe y cortaban secamente tan curiosa conversación, y no podía evitar molestarme.

Aún así seguía insistiendo nuestra persistente amiga, no le hacían mucha falta que le respondiera extensamente aunque se veía que iba reduciendo progresivamente su optimista énfasis. “Cada vez que veo los campos verdes recuerdo mi pequeño pueblo”. No podía entender como comentarios así no podía interesar nada, lamenté no ser yo su conocido, para poder preguntarle por su remoto país, para mostrarle que no todos preferimos tales bagatelas a escuchar curiosos relatos y que puede que la curiosidad no esté tan extinguida como el ñu ceilanés del catálogo de su amiga.

domingo, 22 de marzo de 2009

Donde habita el espesor

Y yo que noto a alguno de mis compañeros Patitofeonosequé poco inspirados. Vamos, que los noto que no escriben. Y encima noto que las musas de la inpiración (distintas a las de la mayonesa) se me han emancipado. Y claro, no había mucho más que hacer, sino un soneto:


Se recuerda un grito en la soledad
que retumbó y chocó violéntamente
contra la nada y la oscuridad
contra el vacío más permanente

Se recuerda un verso que atronó
donde nadie podía saber de él
palabras escritas sobre el Sol
una pluma sin tinta ni papel

En el sacro limbo de las ideas
donde va todo el numen que no nace
dioses se burlan de las musas feas

Cuadros sin lienzo flotan en el aire
y el grito de un soneto que condena
a los rapsodas que no lo rescaten


Mi madre no sufrió nada en el parto, comparado con lo que sufrió cuando empecé a hablar.
Desde entonces está pagando a un equipo de médicos para que vuelvan a ingertarme en su vientre. Los médicos opinan que es físicamente imposible.


jueves, 19 de marzo de 2009

Más vale solo que ciento volando

Conocía este defecto desde hacía mucho tiempo, su experiencia personal se suponía que debía haberle sanado de ella, sólo por necesidad, sólo por actitud. Debería haber superado su miedo, él siempre negaba tal hecho ante la suposiciones ajenas. El porqué era sencillo, le avergonzaba reconocer tal anomalía, en cierto modo nuestro protagonista sabía que en condiciones normales no tendría que tener tales dificultades, se autoconvencía antes de cada pequeño asalto, se sentía extrañamente ridículo cuando pensaba la facilidad de lo propuesto. Pero aumentaba proporcionalmente el miedo conforme se acercaba a su objetivo, y terminaba cayendo derrotado una vez tras otra.

Sí, era tímido, costábale reconocerlo o, mejor dicho, no lo hacía. Los que no ahondaban en su persona profundamente nunca hubiesen afirmado tal cosa, nunca hubieran imaginado lo complicado que le resultaba el más simple de los acercamientos, la más inerte de las conversaciones. Si de algo carecía (en realidad sus carencias era un número mucho más alto) era de no saber, como decía Horacio Oliveira en Rayuela, hablar de nada. Podía comunicarse, era un hombre que conocía, tenía en la mente miles de temáticas y le interesaba todas las materias habidas y por haber, era capaz de aguantar una conversación sobre prácticamente cualquier asunto, y cuando no podía sostenerla propiamente era de aquellas personas que disfrutaban aprendiendo y oyendo, nunca se le había dado mal ser un fiel confesor, acaparaba problemas ajenos con profesionales asensos y el comunicador se sentía cómodo ante su presencia, pero ésto únicamente ocurría cuando la confianza se erigía como nexo entre ambos. Si nuestro amigo se encontraba con cualquier persona que anduviese fuera de su limitado globo de unión se quedaba como perplejo, como nervioso ante su compañero. Puede que en días de especial inspiración aguantase estoicamente cinco minutos de comunicación, pero todo era tan forzado que le resultaba nauseabundo, no era posible normalizar esa situación si los dos protagonistas deseaban que todo esto se acabase lo antes posible.

Y por eso a veces le tachaban de solitario, de extraño ser alérgico a las relaciones espontáneas. Nadie entendía que esta aserción no era cierta, pero que tampoco llegaba a ser errónea. Andaba taciturnamente de regreso a casa, paseaba con famélico ritmo durante esos cinco minutos preludio del inicio de cada matutina clase. Y lo cierto es que no quería que le molestasen, se aunaba en estas ocasiones el miedo ya citado, el no poder hablar de nada, con la radical ruptura de esos lacónicos momentos que gustaba paladear en soledad. Nunca alargaba el paseo más allá de su destino, sin embargo caminaba con una flemática cadencia, alargando esos instantes para no poder sentirse culpable por ser como era. Un tipo raro.


PS:Agradezco a Antonio la ayuda con mi mayor dificultad, los títulos. Mientras sea posible intentaré no acudir a "Texto Curro nºx".

miércoles, 18 de marzo de 2009

Y en fin

Y en fin, no habrá más
esto es la pataleta
de un joven jubilado
del servicio regular
de los juegos de manos
Y en fin, viene repleta
de las cartas al director
que no se publicarán
del llanto del actor
de los juegos de pecar
Y en fin, trae guardada
la paz en una carpeta
del estómago relleno
de quietud alocada
de jugar a ser bueno
de no jugar a nada

Y en fin, esas noticias
en la rodilla de Messi
anuncian una mejoría
menos besos que palizas
menos risas cada día
Y en fin, es la sinopsis
las rapsodias cotidianas
los bohemios ideales
cambian todas las mañanas
y te regalan dos vales
Y en fin, nuestras vidas
se nos rebela la crisis
con excesos de mentiras
y un déficit de gloria
se saben más cuernos que liras
más de pena que de historia

"Justo cuando creas que las cosas en tu vida van bien, sonará el despertador."

lunes, 16 de marzo de 2009

The Wrestler

Relato de un perdedor que en alguna ocasión pudo haber ganado. Disyuntivas azarosas, retornar al dulce fracaso o mantenerte en la triste línea de la vida. Poder seguir soñando tristemente que alguna vez fuiste alguien que pudo ser admirado, o no ser más que uno más de los abominables soldados de la vida. Cambiar sin modificar tus sensaciones o mutar en plenitud, pero involucionando, siendo todo aquello que nunca quisiste ser, sin importar cuales sean las circunstancias, huyendo hacia la cordura pasando por la estación del hastío y la sinrazón. Abrazar esas laceradas heridas de guerras, no tanto ya sus cortes, no tanto sus múltiples golpes, más bien sus sempiternas marcas en el alma, donde la cicatriz puede ser más larga que el perímetro de su figura. Seguía martilleando su cuerpo, a ritmo de Guns and Roses, deshojando sus melancólicas penas en un sensual baile, la primera psicóloga stripper, no todo es lo que parece.

Y como tantos otros, ha de errar para afinar con posterioridad. Captará tan rectilíneo camino, pero hay veces que para llegar es más fácil la senda curvada. Afortunadamente podrá volver atrás en sus pasos, tomará el camino que si antes fue un dulce fracaso, ahora será un triunfo donde éste no se verá acompañado por ningún adjetivo. Será ahí donde volverá a sentirse él mismo, a veces abandonar determinadas funciones típicas para retomarlas no hacen más que fortificar la muralla, dar la última puntalada.

Por eso The Wrestler no es más que la crónica de uno de nosotros, la historia de un luchador que combatió eternamente.

Magnífica por ser el cómo llevar una línea narrativa sin titubeos, y si uno acaba escuchando tras el plano final a Bruce Springteen termina adorando esta humilde y sorprendente producción.

Larga vida a Randy “Ram”.